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(May. 03) Entrevista a Jordi Agustí, biólogo y director del Instituto de Paleontología M. Crusafont de Barcelona Andrea Clavería / Divulga |
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Según J. Agustí, ''con el hombre moderno aparece una modalidad completamente nueva en la evolución''. |
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Jordi Agustí presentó el pasado 22 de abril, en el Museo de Ciencia de Cosmo Caixa su último libro Fósiles, genes y teorías. Agustí ha escrito varios libros de divulgación y dirige proyectos europeos de investigación sobre la evolución de los ecosistemas terrestres en la prehistoria. En su opinión, aunque estamos en un momento de cierta confusión en cuanto a la variedad de especies humanas en la prehistoria, la base está más clara.
¿Cuáles son los últimos hallazgos y controversias en cuanto a las ramas de la evolución humana?
R.- Lo que mi último libro intenta expresar es precisamente que estamos en un momento de cierta confusión, porque ha habido una gran proliferación de nuevos géneros y especies que han complicado mucho el árbol de la evolución humana. Creo que el problema es más profundo y no solo afecta a la paleontología humana, sino que es un problema relacionado con el concepto de especie biológica.
En un momento dado, en la década de 1980, siguiendo las ideas de Ian Tattersall, el modelo de equilibrios punteados penetró en la concepción de la evolución humana y en lugar de un modelo gradualista de evolución, apareció un modelo con múltiples especies, puntualista, de la evolución humana. A partir de aquí han surgido multitud de nuevas especies, e incluso nuevos géneros, como Kenyanthropus (en el año 2001, se consideró que unos restos fósiles encontrados en el lago Turkana en 1999 pertenecían a un nuevo género y no a un Australopithecus como se pensó en un primer momento. Algunos paleontólogos suponen que incluso puede ser un antepasado del genero Homo, que entonces convivió con los Australopithecus). Creo que esta confusión nace de una determinada concepción de la evolución.
Además, tenemos el problema de que algunas nuevas especies e incluso géneros se han definido con restos un poco precarios, especialmente en el tramo de épocas que más nos está interesando en la actualidad, por encima de los 5 millones de años.
¿Cuándo tendremos un árbol unificado y completo de nuestra evolución?
R.- Tenemos ya mucha información. Si tomamos la metáfora del árbol, lo que es el tronco y las ramas principales, hay una idea muy robusta de lo que sucedió. Lo que estamos discutiendo son las demás ramas. Nunca vamos a tener un árbol unificado y completo porque nunca la ciencia va a tener un conocimiento unificado y completo de todo. Si ahora se discute mucho es porque nos adentramos en los detalles.
Con el descubrimiento del Homo antecessor en Atapuerca se abrió el debate entre los “puntualistas” y los “multirregionalistas”, seguidores de Milford Wolpoff. Esta especie de Homo muestra signos de estar evolucionando hacia el preneandertal (Homo heidelbergensis), que, a su vez, muestra signos de estar evolucionando hacia el neandertal. ¿Tienen razón los multirregionalistas?
R.- Este debate supera de nuevo el propio ámbito antropaleontológico y se sitúa sobre el papel que la especie como unidad juega en la evolución. Aquí nos encontramos con dos escuelas, la de Wolpoff, que no ve varias sino una única especie Homo sapiens, dentro del género Homo, desde el principio del mismo. Y por otro lado los que seguirían el modelo de equilibrios punteados de Stephen Jay Gould, con múltiples especies. Como siempre, probablemente la verdad está en medio. Desde un punto de vista paleontológico hay un elemento muy claro de bifurcación que es la aparición del Homo (el homo más antiguo es Homo ergaster, encontrado por primera vez en el niño de Turkana), que tiene un aparato locomotor de tipo moderno. Desde aquí hasta el Homo heidelbergensis, en un lapso que estaría entre 1 800 000 años y poco más de 200 000 años, creo que hay un mismo tipo biológico de ser humano, independientemente de que pueda haber varias especies regionales, como Homo erectus en Java y Homo antecesor en Europa y África.
En este segmento si que estoy dispuesto a aceptar un modelo multirregional, y pensar que en lugar de especies independientes son variedades regionales de un mismo tipo biológico o especie. De cualquier manera, habría que estudiar caso por caso y contar con un registro fósil abundante, como el caso de la Sima de los Huesos, en Atapuerca. Con una base biológica más abundante que un cráneo aquí y otro allá esta cuestión podría resolverse más fácilmente, porque te haces una idea de la variabilidad.
Entonces no está de acuerdo con el evolucionista molecular Alan Templeton, según el cual los Homo antecesor, heidelbergensis, neanderthalensis y sapiens no son distintas especies sino variedades de Homo erectus.
R.- Creo que hay un gran salto anterior, con la aparición del hombre moderno, sapiens sapiens, y tal vez del hombre de Neandertal. El hombre de Neandertal, con su gran capacidad craneana de alguna manera si que parece algo diferente a Homo heidelbergensis. Aunque más bien parece una continuación, Homo neanderthalensis supone un importante cambio biológico y cultural. Y, desde luego, donde hay un salto tremendo es con el Homo sapiens, el hombre anatómicamente moderno. Lo que está claro es que el hombre de Neandertal y el de Cro-Magnon fuimos especies diferentes. Los estudios que hay de ADN fósil mitocondrial de neandertal indican al menos una separación hace más de 500 000 años, lo que está en consonancia con los datos del registro fósil.
En el reino animal, el género Homo es el único con una única especie, los sapiens sapiens. ¿Por qué?
R.- Creo que ante esta cuestión hay una respuesta fácil y otra más compleja. La respuesta fácil y obvia es que los hombres modernos contribuimos a extinguir a la otra especie que había, los neandertales. La respuesta más profunda es por qué finalmente el tipo humano del hombre anatómicamente moderno ha llegado a dominar la Tierra. Si pensamos que hace medio millón de años, más o menos, el género Homo estaba representado por muchas especies (erectus, antecesor, heidelbergensis, ruderfensis...) es extraño pensar como han podido quedar tan pocas. Si admitimos de nuevo la teoría multirregional y que había un Homo erectus con variedades regionales, entonces había solo una especie, como hay ahora.
Si nos situamos en la época del Homo heidelbergersis, hace 500 000 años o un poco menos, tendríamos esta especie en Europa; según muchos autores, también en África y en Asia estaría el Homo erectus. Así que solo habría dos especies. Luego estaríamos el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis, otras dos.
Pienso que la situación normal en nuestro planeta ha sido tener una o como mucho dos especies del género Homo, y tiene un cierto sentido, ya que es el único género que se expande fuera de África cuando empieza a comer carne. Para este tipo de dieta y como depredadores, es normal que haya pocas especies, dada la gran expansión de la población y el flujo genético, a la vez, entre los miembros de esta población.
¿Y por qué en la actualidad somos una y no dos especies?
R.- Probablemente por las características absolutamente peculiares del hombre moderno. Creo que a nivel cultural el hombre moderno supuso una revolución. Si neandertales y sapiens fueron especies diferentes, solo teniendo en cuenta la densidad de población, el hombre moderno barrió al de neandertal. Y si no fueron especies diferentes y había intercambio genético, el hombre moderno habría barrido biológicamente al neandertal, aunque hubiese integrado su patrimonio genético en el nuestro.
El hombre de neandertal era una especie robusta, adaptada al frío, a la estepa y a las condiciones de la Europa helada del Pleistoceno superior, mientras que el Homo sapiens es el habitante de las sabanas, invasor, capaz de invadir y adaptarse a cualquier ambiente.
¿Es usted más partidario de los neodarwinistas o de los seguidores del equilibrio puntuado?
R.- Desde luego no estoy del lado de los hiperneodarwinistas, que sostiene que la unidad de la evolución son lo genes. Con Jay Gould, simpatizo con su punto de vista como paleontólogo, aunque no con su punto de vista un poco extremista con el que planteó esta cuestión, sobre todo en su juventud. Gould nos hizo ver a todos, incluso a los neodarwinistas, que lo han respetado mucho, que hay toda una serie de cuestiones que la selección natural por si sola no puede responder. Sobre todo con cuestiones relacionadas con la paleontología. Gould da una guía para resolver algunas de ellas, pero sobre todo fueron importantes las preguntas que se planteó.
Además, su modelo de equilibrios puntuados es un modelo de la evolución a saltos pero no implica que la evolución gradual no exista en determinados momentos.
Lo que se plantea más bien es que la evolución no es un proceso que se pueda reducir, no desde luego a los genes, pero tampoco ni siquiera al individuo, sino que la evolución es un proceso jerárquico con distintas unidades de evolución. La unidad básica de evolución es el individuo pero hay situaciones en que la población o incluso la especie pueden actuar como unidades de la evolución. Uno de los grandes casos que la evolución simplemente por selección natural individual no ha podido responder es la sexualidad, ya que es una característica que favorece a la especie y nunca originalmente al individuo. Cómo se fijó genéticamente la sexualidad es algo que si no hubiera evolución como un proceso jerárquico no se lo podría explicar. Esta amplitud de miras de la evolución como un proceso jerárquico, con varios niveles en lo que se produce el proceso evolutivo es lo que Gould contribuyó a enriquecer.
Parece que el descubrimiento de los genes Hox ayudan a la teoría de la evolución “a saltos”.
R.- Los genes Hox es una pequeña paradoja que debió de sorprender a muchos genéticos moleculares. El hecho de que la misma familia de genes sirva para construir una mosca drosofila y un vertebrado, dice mucho a favor de la paleontología, de la morfología y de la embriología. Los genes Hox en el fondo están confirmando teorías decimonónicas.
El paleontólogo Geoffroy St. Hilaire tuvo a principios del siglo XIX un debate con George Cuvier por estimar que determinados segmentos de los artrópodos eran homólogos de segmentos de los vertebrados. Geoffroy fue destruido por el fundador de la paleontología de vertebrados, Cuvier. Pero los genes Hox, en el fondo, están confirmando esta visión basal de que existen unas grandes constricciones básicas en el desarrollo de los individuos. Y estas constricciones básicas (determinantes básicos a nivel ontogenético) son independientes de la selección natural. Son anteriores a la selección natural. Y, en todo caso, nos hablan de una selección natural remotísima.
Que la manera de construir un organismo que tenga cabeza, tórax y abdomen sea básicamente la misma en una mosca y en un vertebrado, que responde a patrones muy profundos, creo que demuestra la validez de ciencias como la paleontología o la epigenética, la ciencia del desarrollo embrionario. Es decir, que existen unos patrones prefijados que son anteriores a la acción de la selección natural. En el fondo todo esto está en la misma línea de refundar la teoría sintética de la evolución en los años cuarenta.
¿Cómo pueden afectar al hombre actual los genes y cómo la cultura?
R.- Con el hombre moderno aparece una modalidad completamente nueva en la evolución. Desde luego hay factores que nos condicionan genéticamente, pero con el hombre moderno y con su cerebro se inaugura una etapa diferente de la evolución. Por eso no estoy de acuerdo con las ideas sociobiológicas para explicar la estructura de las sociedades humanas actuales.
¿Tenían nuestros ancestros la influencia cultural que tenemos nosotros?
R.- En todo este mosaico de especies o variedades desde el Homo erectus, el esquema es muy gradual en la aparición de las innovaciones culturales, como las industrias líticas, la utilización de la madera y el fuego. Se podría trazar una línea gradual desde el fin de los Australopitecus hasta el Neandertal. Pero la revolución se da con el hombre anatómicamente moderno. Ningún Homo heidelbergensis ni ningún neandertal pintaron en las cuevas como lo hizo el hombre moderno.
El Homo sapiens es además el primero que fabrica cosas inútiles, y eso es la definición de cultura, no fabricar útiles sino inútiles. Esto está relacionado con la aparición de estructuras de poder con la llegada del hombre moderno. Las estructuras inútiles, los símbolos, que no están presentes en los anteriores géneros o especies humanas, representan una estructuración del poder de unos individuos sobre otros. Estos símbolos sirven para estructurar sociedades complejas y nos sirven para la vida diaria. Esto lo sabemos, por ejemplo, porque ya hay sepulturas donde el difunto se lleva sus objetos inútiles a la tumba, o las transmite a sus sucesores (un cayado, por ejemplo). Estos inútiles, en lugar de útiles, son los que indican la modernidad. |
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