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1/8/2010
 
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Texto de Camilo José Cela. Fragmento de ''La colmena''
Texto de Camilo José Cela. Fragmento de "La colmena" (1)
Meléndez sablea al limpiabotas.Don Leonardo Meléndez debe seis mil duros a Segundo Segura, el limpia. El limpia, que es un grullo, que es igual que un grullo raquítico y entumecido, estuvo ahorrando durante un montón de años para después prestárselo todo a don Leonardo. Le está bien empleado lo que le pasa.
Sinvergüenza, sablista y embaucador.Leonardo es un punto que vive del sable y de planear negocios que después nunca salen. No es que salgan mal, no; es que, simplemente, no salen, ni bien ni mal.
Atildamiento, circunspección, astucia.Don Leonardo lleva unas corbatas muy lucidas y se da fijador en el pelo, un fijador muy perfumado que huele desde lejos. Tiene aires de gran señor y un aplomo inmenso, un aplomo de hombre muy corrido. A mí no me parece que la haya corrido demasiado, pero la verdad es que sus ademanes son los de un hombre a quien nunca faltaron cinco duros en la cartera.
Meléndez maltrata a sus acreedores.A los acreedores los trata a patadas y los acreedores le sonríen y le miran con aprecio, por lo menos por fuera. No faltó quien pensara en meterlo en el juzgado y empapelarlo, pero el caso es que hasta ahora nadie había roto el fuego.
Cultura y clase social aparentes.A don Leonardo, lo que más le gusta decir son dos cosas: palabritas del francés, como por ejemplo, madame, rue y cravate, y también, nosotros los Meléndez. Don Leonardo es un hombre culto, un hombre que denota saber muchas cosas. Juega siempre un par de partiditas de damas y no bebe nunca más que café con leche.
Meléndez, cuando fuma, lo hace "de gorra".A los de las mesas próximas que ve fumando tabaco rubio les dice, muy fino: ¿me da usted un papel de fumar? Quisiera liar un pitillo de picadura, pero me encuentro sin papel. Entonces el otro se confía: no, no gasto. Si quiere usted un pitillo hecho... Don Leonardo pone un gesto ambiguo y tarda unos segundos en responder: bueno, fumaremos rubio por variar. A mi la hebra no me gusta mucho, créame usted. A veces el de al lado le dice no más que: no, papel no tengo, siento no poder complacerle..., y entonces don Leonardo se queda sin fumar.

Apoyo léxico
Limpia. Abreviatura familiar de limpiabotas.
Grullo. No tiene aquí el significado -típicamente andaluz- de paleto, cateto, palurdo. (Cela compara al limpiabotas con una grulla, ave zancuda de gran tamaño, que llega a medir hasta 13 decímetros de altura).
Entumecido. Que se mueve con torpeza.
Punto. Sinvergüenza. (Hablando de las cualidades morales buenas o malas, extremo o grado a que estas pueden llegar).
Vivir del sable. Habilidad para sacar dinero a otro o vivir a su costa.
Aplomo. Dominio que se tiene de sí mismo.
Corrido. Se dice de la persona de mundo, experimentada y astuta.
Empapelar. En lenguaje familiar, formar causa criminal a alguien.
Romper el fuego. En lenguaje familiar, iniciar una disputa.
Madame, rue, cravate. Palabras francesas que significan, respectivamente, señora, calle y corbata.
Picadura. Tabaco picado para fumar, que, según lo esté en filamentos o en partículas informes, se llama en hebra o al cuadrado.
Ambiguo. Equívoco, que admite distintas interpretaciones y, por tanto, carece de precisión. (Con su gesto ambiguo, don Leonardo vela o no define claramente sus actitudes).
Hebra. Tabaco cortado tierno cuyas partículas alargadas tienen forma de brizna. Por su calidad superior respecto a la picadura era más caro y servía de base para la elaboración de los cigarrillos rubios.

Resumen del texto de Camilo José Cela
Cela pinta en el texto el retrato moral de un repugnante personaje que vive de explotar al prójimo sirviéndose de su engañoso aspecto exterior. Y así, Cela no sólo describe el aspecto "exterior" de don Leonardo Meléndez, basado en las apariencias -cuida su vestimenta y atavío cuanto le es posible, dados sus escasos recursos económicos; presume de una categoría social de la que carece, pero con la que deslumbra; alardea de poseer una vasta cultura...-, sino que relata también sus fechorías, cuyo denominador común es la burda estafa: se aprovecha de un pobre limpiabotas, al que sablea sin piedad; desprecia a sus acreedores, a quienes no satisface las deudas contraídas; si fuma, lo hace del tabaco ajeno... Cela ha retratado, pues, a un tipo que convierte las apariencias en una forma de andar por la vida y que, en definitiva, es producto de la hipocresía social, incapaz de aislar a esta clase de personajes.

Comentario explicativo del texto de Camilo José Cela
Localización del texto
Es, sin duda, La colmena una de las mejores novelas de Cela; imagen del Madrid de 1942; y ocasión para presentar a más de trescientos cincuenta personajes -muchos de ellos en forma caricaturesca- que se definen por su conducta y se duelen de la incertidumbre de su destino.

Estructura del texto
Mezclando con extraordinaria habilidad descripción y narración, e intercalando escuetos pero enjundiosos diálogos, Cela traza el semblante moral de un despreciable personaje que convierte la explotación del prójimo -tan desgraciado como él- en una forma de vida, sirviéndose para ello de su engañosa -y perfectamente estudiada- apariencia exterior.

Es extraordinaria la maestría que demuestra Cela en la forma de organizar el retrato de don Leonardo Meléndez. Podríamos dividir el texto en cinco partes: tres de tipo narrativo -en las que se nos cuentan las felonías que don Leonardo lleva a cabo: saca el dinero a un pobre limpiabotas que, lustrando zapatos, ha conseguido ahorrar seis mil duros, que acaban en manos de don Leonardo, deslumbrado ante su aparente categoría señorial; se aprovecha de la ingenuidad de sus acobardados acreedores, a quienes desprecia y nunca restituye el dinero prestado; y consigue siempre -con malas artes- que los demás le den el tabaco que fuma -en época de estraperlo-. E, intercaladas en las partes narrativas, otras dos de tipo descriptivo en las que queda patente la personalidad de don Leonardo: todo un sinvergüenza, sablista y embaucador ("es un punto que vive del sable y de planear negocios que después nunca salen"); preocupado por su vestimenta y atavío que le dan cierto aire de persona atildada ("lleva unas corbatas muy lucidas y se da fijador en el pelo, un fijador muy perfumado que huele desde lejos"); circunspecto, seguro de sí mismo y astuto ("tiene aires de gran señor y un aplomo inmenso, un aplomo de hombre muy corrido"); que presume con habilidad de una cultura y una clase social de la que carece ("A don Leonardo lo que más le gusta decir son dos cosas: palabritas del francés (...), y también nosotros, los Meléndez. Don Leonardo es un hombre culto, un hombre que denota saber muchas cosas"); y que es capaz de adoptar los gestos, ademanes y actitudes que cada situación requiere para sacar la máxima tajada (así, el "gesto ambiguo" y los segundos que tarda en responder cuando le ofrecen de forma desinteresada "un pitillo hecho", que acepta como si fuera él quien hace el favor, en lugar de recibirlo ("Bueno, fumaremos rubio por variar. A mí la hebra no me gusta mucho, créame usted"). Y entre las partes narrativas y descriptivas del texto, se alza la voz del propio Cela, que emite sus propios juicios de valor, al censurar la ingenuidad del infeliz limpiabotas del que se aprovecha don Leonardo ("Le está bien empleado lo que le pasa."); o al asegurar que él no se dejaría engañar fácilmente por un tipo que, tras una estudiada "imagen pública", esconde una despreciable catadura moral ("A mí no me parece que la haya corrido demasiado, pero la verdad es que sus ademanes son los de un hombre a quien nunca faltaron cinco duros en la cartera.").

Esta es, pues, la estructura del texto:

• Primera parte: Narración. Meléndez sablea al limpiabotas. Cela critica duramente la ingenuidad del limpiabotas.
• Segunda parte. Descripción. Tras presentar Cela a Meléndez como un tipo sinvergüenza, sablista y embaucador, él mismo se muestra como persona atildada, circunspecta y astuta. Nueva intervención de Cela que, apoyado en su experiencia vital, advierte que no se dejaría sorprender por las estratagemas de tan despreciable personaje.
• Tercera parte. Narración. Meléndez se burla de unos acreedores que le rinden pleitesía. Cela subraya, indirectamente, que la existencia de personajes como don Leonardo son producto de la hipocresía social, incapaz de aislarlos y combatirlos con el desprecio.
• Cuarta parte. Descripción. Meléndez alude a su amplia cultura y a su categoría social, que Cela ridiculiza desde la ironía.
• Quinta parte. Narración. Meléndez se las ingenia para tener siempre a su disposición el tabaco de los demás; lo cual podría resultar hasta cómico, si no fuera por la escasez y alto precio del tabaco en la posguerra.

Y si el novelista presenta, antes que el aspecto físico de don Leonardo Meléndez, su despreciable talante moral -que le lleva a sablear a un ingenuo limpiabotas-, es con el fin de subrayar, desde las primeras líneas de texto, su tremenda amoralidad, y despertar las antipatías del lector hacia tipos como el retratado, cada vez más frecuentes en todos los ambientes, y no sólo en el café de doña Rosa -donde se desarrollan las escenas relatadas en el texto- o en los del Madrid sórdido reflejado en La colmena.

La renuncia al punto y aparte, incluso en la parte dialogada -entre don Leonardo y un fumador, con apostillas de Cela como narrador-, ayuda a conferir al texto una enorme cohesión interna, que acentúa aún más el implacable retrato que Cela ofrece del personaje que quizá tenga menos escrúpulos de conciencia de cuantos pululan por las páginas de La colmena.

La forma expresiva del texto
El léxico empleado por Cela se ve enriquecido con un amplio repertorio de vocablos y expresiones muy arraigadas en el habla popular: limpia, punto, vivir del sable, hombre muy corrido, tratar a patadas, empapelar a alguien, romper el fuego...; léxico que le otorga al texto una impresionante sensación de autenticidad.

Por otra parte, la morfosintaxis se pliega eficazmente a los deseos expresivos de Cela: los adjetivos -vivamente caracterizadores- y el empleo casi exclusivo del presente de indicativo ponen ante los ojos del lector un retrato que desentraña los más profundos recovecos de la personalidad de don Leonardo Meléndez. Precisamente la exageración caricaturesca de algunos de sus rasgos es expresiva de sus deformaciones éticas, y el adjetivo se convierte, así, en una herramienta básica de una estética deformante: don Leonardo es un punto; tiene un aplomo de hombre muy corrido; solicita, muy fino, papel de fumar a los que ve fumando tabaco rubio; pone un gesto ambiguo antes de aceptar el tabaco que graciosamente le ofrecen... Esta estética deformante alcanza también al duro retrato que, en breves líneas, ofrece Cela del limpiabotas, cuyo candor ha explotado astutamente don Leonardo en su propio beneficio, al apropiarse de sus ahorros: la comparación con un grullo que alude, sin duda, a su elevada estatura, alcanza ribetes esperpénticos al añadir a grullo los adjetivos raquítico -delgado, débil- y entumecido -que se mueve torpemente-; y, de esta manera, la degradación a la que Cela somete al limpiabotas es el justo pago a su estupidez; degradación que alcanza a su propio nombre: Segundo Segura -con la aliteración de la s y la repetición de la sílaba tónica gu-, un nombre que contrasta con el de don Leonardo Meléndez, con ese "don" enfatizado petulantemente.

Notas

(1) Citamos por la edición de Raquel Asún, recientemente revisada y puesta al día por Adolfo Sotelo Vázquez, y editada por Castalia en la colección Clásicos Castalia, núm. 140; capítulo primero, págs. 161-162.

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