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3/9/2010
 
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Texto de Pedro Salinas. ''Leedores y lectores''
Texto de Pedro Salinas . "Leedores y lectores" (1)
Carácter utilitario de la lectura: "leedor" pragmático.La galería de leedores es copiosa. El estudiante que se desoja en víspera de examen sobre el libro de texto; el profesor que trasnocha entre tratados, acopiando datos para su lección; la matrona que, parada junto al fogón, recita en voz alta las instrucciones coquinarias que conducen al suculento plato; el funcionario en retiro que demanda a las páginas del libro la mejor manera de invertir sus ahorros; o la dama, muy cursada ya en la treintena, que se retira al secreto de su tocador y corre renglón tras renglón en procura de experimentados avisos que la devuelvan sus gracias fugitivas; todos ellos -y mil más no pasan de leedores. (2)
La lectura como entretenimiento intranscendente: "leedor" de periódicos.Leedor, también, el que emplea su tiempo en los diarios. Coinciden en eso el escandinavo y el chino. El uno, Georg Brandes, asevera que de cien personas que saben leer, noventa no suelen leer más que diarios, lo cual exige escaso esfuerzo. Y el otro, americanizado de la China, Lin Yu Tang, dice: "Yo no llamo lectura, en absoluto, a la enorme cantidad de tiempo que se gasta en leer periódicos." En la escala de los que recorren con los ojos un papel impreso, el personaje inferior es uno, regalo de nuestros días a la infinita variedad de lo humano, el leedor, o "el vista", de muñequitos.
El cómic, arte deleznable.Inmerso, complacido hasta el arrobo, en las delicias de recorrer cuadro por cuadro, escena por escena, sin perderse una, los trabajos de Maggie o las hazañas del Superhombre, sus ojos avanzan por un medio mixto, parte imágenes mal trazadas, pintarrajeadas de colores groseros, parte palabras; éstas, no muchas, van encerradas en unos globitos que les salen a los personajes de la boca, y por su vacuidad sirven de adecuado sustituto al aire vano que contienen los globos de veras. El veedor o el leedor de semejante cosa recuerda al anfibio, que entra y sale de lo leído, insignificante, a lo visto, vulgarísimo, sin saber nunca a derechas por dónde se anda.
La lectura como embrutecimiento de la sensibilidad: "leedor" de cómics.¿Mira, lee, promiscúa? Pero atrevido sería decir de estos ciudadanos, doblados, regocijados, sobre el papel, que están leyendo. Ni siquiera rozan por lo bajo los cielos y lecturas a donde se transporta el lector de verdad, ya que las actividades superiores del alma no asisten, están de sobra en esta jenízara operación visual. Comparo al aficionado a los muñequitos al denodado masticante de chicle, por cuantos ambos no ahorran esfuerzo ni tiempo en sendas operaciones que parecen las dos dirigidas al noble menester de la nutrición, ya corporal, ya del espíritu; cuando en realidad nada de provecho pasa al estómago del uno ni a la cabeza del otro, y los dos se hermanan en su posible comparanza con el desdichado animal que voltea y voltea la noria, sin que le importe que el pozo esté seco.
La lectura como fuente de placer espiritual: perfil del auténtico lector.Frente a estas legiones, en escasa minoría, los lectores. Se define el lector simplicísimamente: el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas, lo mismo que se quedaría con la amada; por recreo de pasarse las tardes sintiendo correr, acompasados, los versos del libro, y las ondas del río en cuya margen se recuesta. Ningún ánimo, en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la social escala, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo.

Apoyo léxico
Copioso. Abundante, numeroso, cuantioso.
Acopiar. Juntar, reunir en cantidad alguna cosa.
Matrona. Madre de familia.
Coquinario. Perteneciente a la cocina.
Cursado. Versado en alguna cosa ("dama muy cursada ya en la treintena": que ha sobrepasado, con creces, los treinta años).
Tocador. Aposento que cuenta con un mueble, por lo común en forma de mesa, con espejo y otros utensilios, para el peinado y aseo de una persona.
Procura. Acción y efecto de procurar: hacer diligencias o esfuerzos para que suceda lo que se expresa, para conseguir algo.
Aviso. Consejo.
Arrobo. Acción de enajenarse, quedar fuera de sí; éxtasis.
Globo. Sinónimo de bocadillo: en los grabados, dibujos, caricaturas, tebeos, etc., letrero generalmente circundado por una línea curva que sale de la boca o cabeza de una figura, y en el cual se representan palabras o pensamientos atribuidos a ella.
Vacuidad. Calidad de vacuo: vacío, falto de contenido.
Promiscuar. Participar indistintamente en cosas heterogéneas u opuestas, físicas o inmateriales.
Jenízaro. Mezclado de dos especies de cosas. (Al calificar de jenízara la "operación visual" que realiza el leedor o "el vista" de muñequitos, Salinas alude, de nuevo, al carácter híbrido del cómic: parte imágenes, parte palabras).
Denodado. Esforzado.
Sendas. Una para cada cual de dos cosas ("sendas operaciones que parecen las dos dirigidas al noble menester de la nutrición").
Comparanza. Comparación.

Resumen del texto de Pedro Salinas
Frente a los que se acercan a la lectura desde posiciones pragmáticas -en busca de satisfacer necesidades materiales-; y frente a los que buscan en la lectura un simple entretenimiento que no exige el menor esfuerzo -así, el tiempo gastado en leer periódicos- o que merma la capacidad racional -como es el caso de quienes se embebecen con cómics sin el menor valor artístico, ya sea plástico o lingüístico-; Pedro Salinas define el perfil del auténtico lector, que es el que sólo busca en la lectura un placer de tipo espiritual, sin exigir de esta actividad nada que trasciende su valor como pura satisfacción anímica.

Comentario explicativo del texto de Pedro Salinas
El contenido del texto: "leedores" frente a lectores
Jugando con los vocablos "leedores" y "lectores" -que en el DRAE ofrecen idéntica significación: "que leen"-, y aprovechándose de que el adjetivo "leedor" está en desuso, Salinas pretende establecer diferencias entre aquéllos -que son mayoría dominante- y éstos -que constituyen una insignificante minoría-, en función de su actitud ante la lectura.

Tres son, en opinión de Salinas, los arquetipos de "leedores": los que buscan con la lectura cubrir alguna necesidad de tipo material, y se acercan a ella movidos por una actitud utilitaria y pragmática (parágrafo primero); y aquellos que sólo pretenden entretenerse, ya sea perdiendo el tiempo con la lectura de periódicos, lectura que no exige el menor esfuerzo intelectual (comienzo del parágrafo segundo); ya sea degradando su personalidad, al entregarse al disfrute de unos cómics que carecen del menor valor artístico, ni como manifestación literaria, ni como realización plástica (grueso del parágrafo segundo).

Y frente a la abundancia de "leedores" -vocablo cargado por momentos de fuertes connotaciones peyorativas-, se alza egregia la minoritaria figura del lector, que encuentra en el puro placer de leer la mejor forma de solazar su espíritu (parágrafo tercero y último del texto).

Le eficacia expresiva del léxico
No emite Salinas ningún juicio valorativo respecto de quienes persiguen con la lectura la obtención de beneficios puramente materiales; y pone en boca ajena -a manera de argumento de autoridad- dos ideas en cuya valoración tampoco entra: que la lectura de la prensa diaria "exige escaso esfuerzo" -parafraseando a Gorg Brandes-; y que "la enorme cantidad de tiempo que se gasta en leer periódicos" no es lectura -citando textualmente a Li Yu Tang-. Sin embargo, Salinas se muestra especialmente hiriente en la valoración artística -tanto lingüística como plástica- del cómic, así como en el juicio que le merecen los aficionados en los que despierta apasionado interés.

Y así, Salinas recurre a un léxico fuertemente connotativo y cargado de expresividad. Desde un punto de vista plástico, las imágenes no sólo están "mal trazadas", sino que, además, los colores con los que están "pintarrajeadas" resultan "groseros". No se puede pedir mayor descalificación artística en menos palabras. Pero es que, también, la incapacidad léxica de que hacen gala los protagonistas de los cómics -cuyos breves parlamentos van encerrados en "globitos" que les salen de la boca- es pareja a su propia futilidad, "y por su vacuidad -recalca Salinas- sirven de adecuado sustituto al aire vano que contienen los globos de veras".

Y no mejor parado sale "el veedor o el leedor de semejante cosa": es el personaje inferior de cuantos se sumergen en el papel impreso; personaje vulgarísimo que no sabe ni siquiera él mismo si mira, lee, o mezcla ambas operaciones; convertido en ser irracional, ya que "las actividades superiores del alma no asisten, están de sobra" cuando se acerca al mundo del cómic; y, finalmente, reducido a la condición de burro, en sarcástica comparación con "el desdichado animal que voltea y voltea la noria, sin que se le importe que el pozo esté seco.", paráfrasis elusiva llena de mordacidad con la que Salinas denigra definitivamente al que sólo pretende disfrutar con los cómics.

La organización interna del texto
Por medio de una eficacísima disposición del contenido argumental, Salinas ha pretendido ensalzar la modalidad de lectura que nutre el espíritu, que es la que lleva a cabo el auténtico lector: "el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro", sin exigir de tal actividad "nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo." Y este sincero elogio del lector se produce en la parte final del texto, y después de haber dedicado el 80% del mismo a presentar otras modalidades de lectura, las propias de los "leedores", que convierten la lectura en un entretenimiento inane -la de periódicos- o totalmente embrutecedor -la de cómics-. Es evidente que otra posible disposición de la información, distinta de la elegida por Salinas, no habría tenido la misma eficacia comunicativa: al escritor le interesa la dimensión espiritual de la lectura por encima de cualquier otra, y la actitud de los "leedores" -que constituyen una "galería copiosa"- ante la lectura -pragmática, intrascendente o embrutecedora- le sirve como contrapunto para alabar la figura del auténtico lector "-en escasa minoría", y frente a "legiones de leedores"-, que lee desinteresadamente, sin "ningún ánimo de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la social escala", conductas éstas más propias de "leedores".

Valoración crítica
Desde luego, no parece muy acertado defender hoy que la actividad lectora bien entendida haya de quedar al margen de la prensa escrita, que, en su caso, requeriría del lector un escaso esfuerzo intelectual. Por tener la prensa, junto a una finalidad informativa, otra de mayor calado, cual es la de conformar estados de opinión, la lectura atenta de diferentes diarios es el mejor de los ejercicios para, desarrollando la capacidad crítica, evitar ser objeto de manipulaciones interesadas. Por otra parte, la libertad de prensa garantiza el normal funcionamiento democrático de la sociedad y fomenta la tolerancia en las relaciones sociales.

También resulta excesivamente riguroso el juicio inmisericorde que le merecen a Salinas tanto el cómic -como manifestación artística- como quienes con él se entretienen. Podrían multiplicarse los ejemplos de cómics que no sólo no pueden -ni deben- ser considerados como subliteratura, sino que, además, alcanzan una notable calidad plástica: Astérix o Tintín son personajes que han trascendido los límites de su Francia natal para pasearse por la geografía de casi todo el mundo y hacer, con sus aventuras, las delicias de lectores grandes y chicos.

Por el contrario, consideramos muy acertadas y plenamente vigentes las opiniones de Salinas acerca de lo que debe entenderse por un buen lector, cada vez más necesario en una sociedad que con demasiada frecuencia da la espalda a la lectura. Y no queremos dejar de recordar -como apunta Salinas en otro parte de su ensayo "Defensa de la lectura"- que a los centros docentes corresponde la irrenunciable obligación de formar lectores en la línea apuntada por Salinas -lectores que lean por el puro gusto de leer" (3); y que, dado el poco tiempo de que dispone el individuo para dedicarlo a la lectura, es necesario pronunciarse "en favor de los pocos libros bien leídos, y en contra de los muchos leídos malamente". (4)

Notas

(1) Epígrafe del ensayo "Defensa de la lectura", incluido en El defensor. Madrid, Alianza editorial, 1983. Colección Alianza Tres, núm. 118; págs. 183-184.

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(2) En este primer parágrafo, Salinas utiliza un léxico excesivamente culto, que linda innecesariamente con la pedantería. Como muestra, repárese en la frase en la que Salinas alude a un tipo de "leedor" utilitario: la muchacha que, con treinta años cumplidos, confía encontrar en un libro de belleza consejos con los que mantener una apariencia juvenil. Escribe Salinas: "(...) la dama, muy cursada ya en la treintena, que se retira al secreto de su tocador y corre renglón tras renglón en procura de experimentados avisos que la devuelvan sus gracias fugitivas." En general, el léxico de todo el epígrafe participa, en mayor o menor medida, de este tono algo relamido y exquisito; lo que no es óbice para reconocer la gran calidad del escrito.

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(3) Léase, del mismo ensayo -"Defensa de la lectura"-, el epígrafe titulado "Educar para leer y leer para educar". Op. cit., págs. 169-171.

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(4) Cfr.: Epígrafe "La vía de la selección". Op. cit., p. 136.

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