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FERNANDO CARRATALÁ TERUEL
• Prosa, verso y prosa poética
• El mediodía en Guillén (verso) y en Sánchez Ferlosio (prosa)
• El mediodía en Juan Ramón Jiménez (prosa poética)
Actividades (Pdf 33 Kb)
| La prosa | | Se entiende por prosa la forma que adopta naturalmente el lenguaje para expresar los conceptos, no sometida a las leyes externas de la versificación ni del ritmo; o, lo que es lo mismo, no sujeta a medida y cadencia determinadas. |
| El verso | | En cambio, en el verso (etimológicamente, "surco que da la vuelta") determinados elementos fónicos -acentos, cantidades, pausas, rimas, etc.- se disponen artificialmente con un orden determinado -repetitivamente, y a lo largo de la estrofa-, de manera tal que producen efectos rítmicos. Gráficamente, cada verso ocupa una línea distinta. La distribución de las unidades significativas o frases de la estrofa pueden coincidir con los versos -procedimiento llamado esticomitia, y que implica, por tanto, que cada verso ha de ir enmarcado entre dos pausas necesarias que poseen valor métrico-; o bien pueden sobrepasar sus límites, originándose el encabalgamiento, que podemos definir, por tanto, como "un desajuste entre la unidad sintáctica y la unidad métrica, al exceder aquélla los límites del verso y continuar en el siguiente o siguientes". (El verso blanco -o suelto- carece de rima, aun cuando se somete a todos los requisitos de la regularidad estrófica -número de sílabas, acentos, pausas, etc.-. Y el verso libre -o versículo- carece, igualmente, de rima, y también de metro fijo y determinado -o sea, que no guarda regularidad estrófica-, y, a efectos rítmicos, constituye una unidad de sentido). |
| La prosa poética | | Una forma intermedia entre la prosa y el verso es la llamada prosa poética: representada gráficamente como prosa, ofrece determinadas regularidades fónicas, aunque no de forma tan marcada como las que caracterizan al verso. |
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| El mediodía en Guillén (verso) y en Sánchez Ferlosio (prosa) | | Se ofrecen seguidamente dos textos literarios que presentan diferentes maneras de captar una misma realidad: el mediodía; un poema de Jorge Guillén, que lleva por título "Perfección", y un fragmento narrativo de "El Jarama", de Sánchez Ferlosio. |
| Texto de Guillén | | Perfección
Queda curvo el firmamento, compacto azul, sobre el día. Es el redondeamiento del esplendor: mediodía. Todo es cúpula. Reposa, central sin querer, la rosa, a un sol en cenit sujeta. Y tanto se da el presente que el pie caminante siente la integridad del planeta. (1) |
| Interpretación del texto de Jorge Guillén | Para Guillén, lo que hace poético un texto es la capacidad lingüística del escritor: "No partamos de poesía, término indefinible -afirma Guillén-. Digamos poema, como diríamos cuadro, estatua. Todos ellos poseen una cualidad que comienza por tranquilizarnos: son objetos, y objetos que están aquí y ahora, ante nuestras manos, nuestros oídos, nuestros ojos. En realidad, todo es espíritu, aunque indivisible de su cuerpo. Y así, poema es lenguaje. No nos convencería esta proposición al revés. Si el valor estético es inherente a todo lenguaje, no siempre el lenguaje se organiza como poema". "No existe un lenguaje poético a priori: ninguna palabra está de antemano excluida: cualquier giro puede configurar la frase. Todo depende, en resumen, del contexto. Sólo importa la situación de cada componente dentro del conjunto, y este valor funcional es el decisivo".
Esta concepción que Guillén tiene del lenguaje poético queda reflejada en el poema "Perfección", cuyo título ya sintetiza ese optimismo vital que caracteriza toda la lírica de Jorge Guillén. El poeta nos transmite en estos sencillos versos su entusiasta concepción del Universo: el mediodía se convierte en el momento de mayor perfección ambiental, precisamente cuando las cosas están inmersas en la plenitud de su existencia; perfección que preside el mundo y liga armónicamente todo lo creado.
El concepto de perfección queda simbolizado por la línea curva; de ahí la presencia en el poema de vocablos que aluden a "lo esférico". Por otra parte, el predominio de nombres sustantivos sobre adjetivos está en consonancia con el carácter "esencial" de la lírica de Guillén. (Repárese, por ejemplo, en el verso 5: "Todo es cúpula").
El poema de Guillén pone de manifiesto cómo los elementos fónicos de las unidades significativas quedan supeditados a las exigencias rítmicas del verso. Guillén ha elegido una estrofa tan compleja como es la décima, en busca de la mayor perfección formal del poema. La forman diez versos octosílabos, con rima consonante, así distribuida: ababccdeed (distribución que, con respecto a la estructura de la décima espinela -abbaaccddc- implica ciertas modificaciones). El tema de la estrofa se plantea en los cuatro primeros versos -presentación impresionista de un panorama en el que todo es perfección presente-; y, después de la pausa del cuarto verso, en los restantes se completa el pensamiento -el poeta domina el Universo y se realiza en toda su plenitud-: se trata, pues, de un ascenso y descenso de ideas, cuya transición de encuentra en el quinto verso: "Todo es cúpula.". |
| Texto de Rafael Sánchez Ferlosio | | El sol arriba se embebía en las copas de los árboles trasluciendo un follaje multiverde. Guiñaba de ultrametálicos destellos en las rendijas de las hojas y hería diagonalmente el ámbito del seto, en saetas de polvo encendido, que tocaban el suelo y entrelucían en la sombra, como escamas de luz. Moteaba de redondos lunares, monedas de oro, las espaldas de Alici y de Meli, la camisa de Miguel y andaba rebrillando por el centro del corro en los vidrios, los cubiertos de alpaca, el aluminio de las tarteras, la cacerola roja, la jarra de sangría, todo allí encima de blancas, cuadrazules servilletas extendidas sobre el polvo. (2) |
| Interpretación del texto de Rafael Sánchez Ferlosio | Guillén elegía en su visión del mediodía la luminosidad, presente en cielo y tierra, que ayuda a subrayar que todo cuanto existe es hermoso: la creación es perfecta, y la hora del mediodía revela, precisamente, la perfección de las cosas existentes.
Y frente a los versos de Guillén -en los que ciertos elementos fónicos (número de silabas, acentos, pausas, rimas, etc.), distribuidos artificialmente y repartidos con un determinado orden a lo largo de la estrofa, engendran determinados efectos rítmicos-, Sánchez Ferlosio utiliza una cuidada prosa, a base de estructuras sintácticas muy sencillas, con las que se limita a describir, con todo detalle, los efectos del sol del mediodía sobre el paisaje, las personas y las cosas. |
| Ficha de autor: Rafael Sánchez Ferlosio | Madrid, 1927. Licenciado en Filosofía y Letras. La obra literaria de Sánchez Ferlosio es muy reducida. Se inicia con Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951) -libro de prosa cuidada y preciosista- y culmina con El Jarama, obra con la que obtuvo el Premio Nadal, en 1955, y en la que, a través de diálogos insulsos, retrata implacablemente la realidad vital de sus protagonistas, absolutamente anodina; y es que pocas veces la lengua coloquial ha sido objeto de un tratamiento artístico tan magistral. Desde 1956, Sánchez Ferlosio apenas ha publicado obras de interés; en todo caso, algunos artículos de opinión en la prensa diaria, sobre temas lingüísticos y literarios. |
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| El mediodía en Juan Ramón Jiménez (prosa poética) | | Coincidiendo con el mediodía, Juan Ramón Jiménez entra en la cuadra y puede gozar de la compañía de tres animales por los que siente gran afecto -como lo demuestra por medio de una emotiva adjetivación con la que les otorga características humanas-: el burro Platero, la perra Diana y la cabra. Pero es el sol del mediodía el que irradia su luminosidad a la cuadra -a través del tragaluz-, al propio Platero y al paisaje exterior; una luminosidad que el poeta describe en una prosa revestida de extraordinarios efectos sensoriales. |
| Texto de Juan Ramón Jiménez | La cuadra Cuando, al mediodía, voy a ver a Platero, un transparente rayo del sol de las doce enciende un gran lunar de oro en la plata blanda de su lomo. Bajo su barriga, por el oscuro suelo, vagamente verde, que todo lo contagia de esmeralda, el techo viejo llueve claras monedas de fuego. Diana, que está echada entre las patas de Platero, viene a mí, bailarina, y me pone sus manos en el pecho, anhelando lamerme la boca con su lengua rosa. Subida en lo más alto del pesebre, la cabra me mira curiosa, doblando la fina cabeza de un lado y de otro, con una femenina distinción. Entre tanto Platero, que, antes de entrar yo, me había ya saludado con un levantado rebuzno, quiere romper su cuerda, duro y alegre al mismo tiempo. Por el tragaluz, que trae el irisado tesoro del cenit, me voy un momento, rayo de sol arriba, al cielo, desde aquel idilio. Luego, subiéndome a una piedra, miro al campo. El paisaje verde nada en la lumbrarada florida y soñolienta, y en el azul limpio que encuadra el muro astroso, suena, dejada y dulce, una campana. (3) |
| Apoyo léxico | Irisado. Que brilla o destella con colores semejantes a los del arco iris. Idilio. Relación amorosa, especialmente si es romántica y muy intensa. (El vocablo está usado, en el contexto, en sentido figurado). Lumbrarada. Lumbre grande con llamas. Astroso. Desaseado, sucio o roto. |
| Comentario de la prosa -poética- empleada por Juan Ramón Jiménez | Comentario estilístico "La cuadra", al igual que los restantes capítulos de "Platero y yo", es una buena muestra de poema en prosa, género poético genuinamente modernista: texto de reducida extensión por el que se expande un lirismo desbordado; con un leve soporte narrativo -la visita del poeta, al medio día y con un sol radiante, a la cuadra en la que están Platero, la perra Diana y la cabra, que lo reciben con alegres saludos-; la presencia de abundantes elementos descriptivos, que confieren al ritmo narrativo una cierta lentitud y crean una sensación de estatismo, muy apropiada para la manifestación de un lirismo exacerbado -la caracterización de los tres animales, así como del paisaje campesino a mediodía-; y, sobre todo, una prosa que encierra extraordinarias calidades poéticas y sorprendentes efectos rítmicos y musicales.
Entre los rasgos claramente poéticos del texto señalamos los siguientes: imágenes muy originales y de sugestiva belleza; predominio de las sensaciones sensoriales de tipo cromático, elaboradas con exquisita delicadeza, y expresadas con un léxico culto y refinado y una original adjetivación; selección léxica que denota el uso continuado de vocablos de gran eufonía; un ritmo musical claramente perceptible al oído, y que la lectura en voz alta del texto permite experimentar; y, finalmente, el empleo constante del presente de indicativo -y, por tanto, la coincidencia entre "tiempo de lo narrado" y "tiempo del narrador"-, que acerca emotivamente el texto al lector. En definitiva, Juan Ramón Jiménez ha sabido extraer del lenguaje todas sus posibilidades rítmicas y expresivas, y ha construido en este texto una sugestiva página literaria que conmueve a cualquier lector amante de la belleza; página en la que importa poco el intrascendente suceso relatado, y en la que se pone de manifiesto esa estimación de lo bello por sí mismo tan característica de la sensibilidad de Juan Ramón Jiménez. |
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Notas
(1) Jorge Guillén: Cántico. Barcelona, editorial Seix Barral, 1984. Colección Obras maestras de la literatura contemporánea. 2 volúmenes (núms. 86 y 87). Sección 3 -“El pájaro en la mano”-, I, décima 37 (volumen 1, pág. 237).
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(2) Rafael Sánchez Ferlosio: "El Jarama". Barcelona, ediciones Destino. Colección Destinolibro, núm. 16. Aunque lo importante de la obra son los pasajes dialogados -que le sirven al autor para caracterizar magistralmente una lengua coloquial que refleja la pobreza espiritual de los protagonistas, su aplastante vulgaridad-, los fragmentos descriptivos y narrativos, de extremada precisión y concisión, están escritos con tal objetividad que el narrador, sin permitirse interpretaciones personales, se comporta como lo podría hacer un objetivo cinematográfico, de manera totalmente imparcial.
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(3) Juan Ramón Jiménez: Platero y yo, XIV. Editorial Castalia, colección Castalia didáctica, núm. 30, pág. 79.
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