 |
FERNANDO CARRATALÁ TERUEL
La comunicación literaria: autor y lector ante el texto literario
La comunicación literaria posee una serie de rasgos que la diferencian claramente de la comunicación ordinaria. El texto literario está destinado a perdurar tal y como ha sido concebido por su autor. En el lenguaje estándar común, las palabras, lejos de ser un fin en sí mismas, son un medio para que los interlocutores se entiendan: lo importante es el contenido del mensaje, no su forma. En cambio, el autor de un mensaje literario intenta que este perdure -el poeta latino Horacio pretendía que su obra fuera “más perenne que el bronce”- y que llegue al público sin que se vean alterados los medios lingüísticos utilizados en su producción. De ahí que, frente a la irrelevancia de la forma en los mensajes coloquiales -forma que admite todo tipo de modificaciones sin que el contenido quede afectado-, el texto literario cuenta con una sólida organización de los materiales lingüísticos que garantiza su permanencia. La menor alteración de la forma expresiva del mensaje literario acabaría, pues, con su valor estético.
Por otra parte, los mensajes literarios no persiguen esa utilidad práctica inmediata que caracteriza al lenguaje en su empleo ordinario; sino que son mensajes de naturaleza estética. Lo que mueve a un autor a escribir son sus propios estímulos creadores.
Pero sin un público lector, el texto literario no tendría, pues, entidad real. Es el lector quien debe comprender y valorar el mensaje literario, sin la participación de su autor, con frecuencia distante en el espacio y en el tiempo. Y de la cultura y sensibilidad del lector dependerá su mayor o menor comprensión de dicho mensaje. No existe, por tanto, una lectura única del texto literario, sino una casi inagotable pluralidad de interpretaciones, tantas como posibles lectores.
Los rasgos que caracterizan la comunicación literaria -la inalterabilidad del contenido, su falta de eficacia práctica y su naturaleza estética- quedan de manifiesto en estos dos sencillos textos de Juan Ramón Jiménez -“Auroras de Moguer”- y de Manuel Machado -“Otoño”, cuyo valor poético reside en la formalización de los contenidos lingüísticos; poemas de los que ofrecemos nuestra particular interpretación valorativa.
• “Auroras de Moguer” de Juan Ramón Jiménez
• “Otoño” de Manuel Machado
• Actividades
| | | | “FICHA DE AUTOR | | | | | | Juan Ramón Jiménez | | | | | | Nació en Moguer (Huelva) en 1881 y murió en Santurce (San Juan de Puerto Rico) en el año 1958.
A los 19 años, Juan Ramón Jiménez marcha a Madrid, llamado por Rubén Darío, a "luchar por el Modernismo". La muerte de su padre le produjo una crisis nerviosa que le obligará a permanecer en sanatorios recibiendo cuidados psiquiátricos y a pasar un largo retiro en Moguer, entre 1905 y 1911. Vuelve a Madrid en 1912, en donde residirá hasta el estallido de la Guerra Civil. Se traslada entonces, con su mujer Zenobia Camprubí -con la que se había casado en 1916- a América. El matrimonio se instala definitivamente en Puerto Rico en 1951. En 1956 se le concede el premio Nobel de Literatura, justa recompensa a una vida dedicada en su totalidad a la creación poética. Ese mismo año muere Zenobia Camprubí, apoyo insustituible del poeta, que solo le sobrevivirá dos años.
"Yo tengo escondida en mi casa, por su gusto, y por el mío, a la Poesía. Y nuestra relación es la de los apasionados.", escribe Juan Ramón Jiménez. "Yo no soy nadie ni nada más que un trabajador enamorado de mi trabajo, y en él encuentro mi recompensa." -insiste el poeta-. Y, en efecto, Juan Ramón Jiménez es ejemplo extremo de poeta consagrado por entero a su obra, que pule y corrige incesantemente, obsesionado por un ansia total de perfección y una exigente sed de belleza.
A partir de 1916, con la publicación de Diario de un poeta recién casado, Juan Ramón Jiménez supera la estética modernista e inicia una poesía original y personalísima, "fuera de escuelas o tendencias"; poesía desnuda, presidida por una progresiva depuración de todo lo que no sea esencia poética. Eternidades (1918) y Piedra y cielo (1919) son libros en los que los halagos formales ceden en favor de una hondura conceptual y emotiva. Con posterioridad a 1936, la poesía de Juan Ramón Jiménez, más intelectual y abstracta -expresión de su complejo mundo interior, repleto de vivencias metafísicas-, alcanza cotas de asombrosa belleza. A esta última etapa de su producción pertenecen En el otro costado (1936-1942), La estación total (1946), Dios deseado y deseante (1948-1949) y Animal de fondo (1948). El primero de estos libros incluye el largo poema en prosa "Espacio", cumbre de la creación de Juan Ramón Jiménez.
Juan Ramón Jiménez ejerció una enorme influencia en los poetas de la Generación del 27. Hoy está considerado por amplios sectores de la crítica como la máxima figura de la poesía española del siglo XX.
| | | ©Profes.net | |
El verso -desprovisto de anécdota- de Juan Ramón Jiménez <1>
En el siguiente poema, Juan Ramón Jiménez nos presenta una descripción de las auroras de Moguer, que tantas veces ha contemplado; de todas las auroras de Moguer; momentos del día y paisajes de los que forman parte los álamos (versos 1-2), el viento (versos 3-7) y la luna (versos 8-14).
Auroras de Moguer
¡Los álamos de plata
saliendo de la bruma!
¡El viento solitario
por la marisma oscura,
moviendo -terremoto
irreal- la difusa
Huelva lejana y rosa!
¡Sobre el mar, por la Rábida,
en la gris perla húmeda
del cielo, aún con la noche
fría tras su alba cruda
- ¡horizonte de pinos! -,
fría tras su alba blanca,
la deslumbrada luna! | Interpretación del texto | Juan Ramón Jiménez, en actitud básicamente impresionista, recoge las sensaciones -y emociones- que en él suscita una de sus muchas contemplaciones de las auroras de Moguer, el pueblecito de la provincia de Huelva, cercano a la zona costera de La Rábida. Y describe la luz del amanecer con bellísimos epítetos que encierran sugestivos efectos cromáticos: "la difusa / Huelva lejana y rosa" (versos 6,7), "en la gris perla húmeda / del cielo" (versos 9,10), "aún con la noche / fría tras su alba cruda" (versos 10,11), "fría tras su alba blanca, / la deslumbrada luna" (versos 13,14); y en un estilo nominal que ha prescindido de verbos personales -tan solo dos gerundios figuran en el poema acompañando a álamos y a viento- y que viene a reflejar la emoción del autor ante el paisaje descrito; emoción que manifiestan, asimismo, los signos de admiración reiteradamente usados: tres oraciones exclamativas componen el poema.
Catorce versos heptasílabos, con rima asonante en ú-a (versos 2, 4, 6, 9, 11, 14), conforman este poema, en el que algunas de las unidades significativas exceden los límites del verso, originándose los correspondientes encabalgamientos: "moviendo -terremoto / irreal- la difusa / Huelva lejana y rosa" (versos 5,6,7), "en la gris perla húmeda / del cielo, aún con la noche / fría tras su alba cruda" (versos 9,10,11). El conjunto constituye un romancillo, aunque presenta leves modificaciones en la distribución de las rimas (ya que esta forma métrica exige la repetición de una misma asonancia final en todos los versos pares y la ausencia de rima en los versos impares). Esta sencillez métrica responde también a la autoexigencia de Juan Ramón Jiménez de componer una poesía cada vez mas desnuda, de anécdota y de artificio retórico.
| Volver
| | | | “FICHA DE AUTOR | | | | | | Manuel Machado | | | | | | (Sevilla, 1874 - Madrid, 1947)
Es una de las figuras cumbres del Modernismo, del que adoptará la riqueza cromática y musical y los efectos plásticos -sin la estridencia y sonoridad que alcanzan en Rubén Darío-, aunque en su poesía no falta el sentimentalismo nostálgico y decadente; poesía que une las audacias y renovaciones técnicas de los poetas franceses contemporáneos al tratamiento aristocrático de los temas andaluces; y de ahí que Manuel Machado se califique a sí mismo como "medio gitano y medio parisién".
Muy conocidos son sus sonetos inspirados en cuadros -"El caballero de la mano en el pecho", "Felipe IV", "Las lanzas"- y sus poemas de tema andaluz: "Soleares", "Malagueñas", "Sevillanas", etc. Excepcionalmente evoca, como es propio de los escritores de su tiempo, en el poema "Castilla" -incluido en Alma, su primer libro-, lo esencial del espíritu castellano que encarna la figura del Cid Campeador.
Escribió varias obras dramáticas en colaboración con su hermano Antonio: Las adelfas, La Lola se va a los puertos, etc.
Otros libros destacados por la crítica llevan por título Caprichos (1905), La fiesta nacional (1906), Cante hondo (1912) y Horas de oro (1938).
| | | ©Profes.net | |
Un poema de Alma: “Otoño” <2>
En el poema reproducido a continuación, Manuel Machado proyecta su desesperanzado estado anímico de soledad en la hoja seca a punto de caer al suelo; y lo hace en un lenguaje entrecortado, musical, que rechaza la pompa decorativa para conmover al lector.
Otoño
En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque vuelo, solo
me han dejado.
La hoja seca,
vagamente
indolente,
zona el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...
Solo
en el parque me han dejado
olvidado
y han cerrado. | Interpretación del texto | | Para expresar su depresivo mundo interior, el poeta se vale de una perfecta adecuación entre metro y sintaxis: tres estrofas de cinco, cuatro y ocho versos, respectivamente, de arte menor, con predominio del verso tetrasílabo, especialmente en la estrofa central; y una estructura sintáctica, en las estrofas inicial y final del poema, a base de oraciones impersonales que realzan la soledad radical del poeta. Precisamente el vocablo solo, situado siempre que aparece en una posición de relevancia expresiva -en posición final de los versos 1 y 4, y encabezando la última estrofa-, intensifica su contenido significativo. La serie anafórica "Nada sé, / nada quiero, / nada espero." -versos 10, 11 y 12- culmina en ese "Nada..." -del verso 13-, que reafirma aún más la desesperanza total ante la vida. |
Volver
ACTIVIDADES
Muchos son los escritores que han recurrido al lenguaje poético para expresar los más variados estados anímicos; y lo han hecho en un lenguaje en el que la forma del mensaje adquiere una extraordinaria relevancia. En esto consiste, precisamente, la función estética o poética del lenguaje -descrita por Roman Jakobson-: en llamar la atención sobre el propio lenguaje mediante procedimientos que producen extrañeza por su apartamiento del lenguaje cotidiano y usual -son los llamados "recursos estilísticos"-, y que nos obligan a fijarnos en la forma del mensaje; una forma que en el lenguaje literario ha de permanecer inalterable. Los poemas anteriormente comentados de Juan Ramón Jiménez -"Auroras de Moguer"- y de Manuel Machado -"Otoño"- son una buena prueba de empleo del lenguaje con un valor literario: cualquier alteración en su lenguaje corrompería un valor poético que radica en la expresión, en la formalización de los contenidos lingüísticos. - Evocar en verso -tomando como referencia el poema de Juan Ramón Jiménez "Auroras de Moguer- las emociones experimentadas ante un amanecer o ante una puesta de sol, en tierras del interior o junto al mar, y en una determinada época del año.
- La expresión de estados anímicos de soledad o de abatimiento ha generado múltiples textos literarios en todas las épocas y estilos. Un ejemplo es el texto modernista de Manuel Machado titulado "otoño", reproducido y comentado con anterioridad. Tomando como referencia este poema -y otros sobre el mismo tema <3>-, escribir una breve composición poética que exprese un estado anímico más o menos depresivo por el que se haya atravesado.
Volver
NOTAS
<1> Juan Ramón Jiménez: Poesía en verso (1917-1923). 2, 7. Taurus ediciones. Edición del centenario, tomo 16.
Volver
<2> Manuel Machado: Alma. Ediciones Cátedra. Colección Letras Hispánicas, núm. 283.
Volver
<3> También Antonio Machado se inicia como poeta en el Modernismo, que pronto abandonará al sentir un paulatino desdén por la belleza sensorial y los efectos musicales propios de aquél. El poema que reproducimos a continuación se inscribe, no obstante, en la estética modernista, aunque la densidad lírica de su lenguaje y el carácter intimista de los versos le alejan de la sugestión por la belleza sensorial y lo decorativo, tan típicos de Rubén Darío. La descripción paisajística que efectúa Antonio Machado no es sino la proyección de su propio estado anímico de abatimiento. (Dicho poema está comentado en La experiencia del tiempo en la poesía de Antonio Machado. Universidad de Sevilla, Departamento de Lengua Española, 1975. Colección de bolsillo, núm. 41. "Semántica y simbolismo en el poema XIII de Del camino", por A. Romero; págs. 133-143).
Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente
con su lado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta. Del camino, XIII. En Soledades, Galerías y otros poemas.
Poesías completas, XXXII. Editorial Espasa-Calpe.
Selecciones Austral, núm. 1. Y en Proverbios y cantares -en Nuevas Canciones- nos da Antonio Machado su antídoto contra la soledad: "Poned atención: / un corazón solitario / no es un corazón" (LXVI).
Breve texto compuesto por tres versos: primero y tercero, hexasílabos, con rima consonante (en ón); y el segundo, octosílabo, sin rima (suelto), aunque en las palabras de este verso existe rima interna, producida por la repetición de las mismas vocales (o-a-o). La recurrencia de la palabra corazón -a principio del verso 2 y al final del verso 3- es un claro ejemplo de epanadiplosis.
Volver |
 |