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FERNANDO CARRATALÁ TERUEL
| Usos discursivo y literario de la lengua | Mientras que la lengua discursiva -adecuada para la reflexión filosófica y el razonamiento científico- es denotativa, arbitraria y transparente, la lengua literaria -apta para la expresión de emociones, a través de un tratamiento estético de la palabra- es connotativa, necesaria y opaca.
La lengua discursiva es, en efecto: - Denotativa. En ella se da en una recíproca correspondencia entre el signo y aquello que el signo representa (es decir, el referente).
- Arbitraria. La relación entre el significante y el significado de los signos es totalmente convencional, lo que permite sustituir un signo por otro sinónimo sin que se produzca la menor alteración en el contenido expresado.
- Transparente. Como si de un cristal se tratara, los signos remiten a aquello que designan, sin atraer la atención sobre sí mismos.
Por el contrario, la lengua literaria es: - Connotativa. Los signos se apartan a menudo de su significado objetivo y nocional, y pasan a adquirir una significación simbólica y metafórica, abierta a múltiples interpretaciones. En efecto, en la lengua literaria los valores connotativos de las palabras tienen más relevancia que los conceptuales; y, en consecuencia, estas amplían su significado de modo tanto más imprevisible cuanto mayor es el subjetivismo con que los escritores lasemplean. <1>
- Necesario. La lengua literaria es "literal", en el sentido de que no admite la sustitución de un término por otro equivalente; y esto es así, hasta el extremo de que podría definirse el texto literario como aquel en el que es imposible separar la expresión -el significante- del contenido -el significado-. <2>
- Opaca. En la lengua literaria, la forma de expresión adquiere una poderosísima relevancia, atrayendo la atención del lector, más pendiente de la sugestiva disposición de los elementos expresivos que integran el mensaje que del contenido informativo de este. <3> Es decir, que la "opacidad" de los signos supone que estos canalizan la atención del lector no solo hacia las realidades designadas, sino hacia sí mismos; y lo hacen mediante connotaciones basadas en lo imaginativo, lo intuitivo, lo rítmico, lo pragmático, lo expresivo, en fin; y justamente de lo expresivo es de lo que huye la lengua discursiva.
Recapitulando -y dicho de otro modo-: frente al predominio casi absoluto de la función representativa en la lengua discursiva, la literaria concede una importancia especial, además de a la función poética, a las funciones expresiva y apelativa; y contiene abundantes elementos histórico-culturales, afectivos y evocadores, incluso valores, asociaciones o experiencias lingüísticas estrictamente personales. No se trata, pues, de una lengua denotativa, sino connotativa y, por tanto, ambigua, polisémica, susceptible de múltiples interpretaciones. |
| Usos coloquiales de la lengua | La comunicación literaria hace, pues, un "uso especializado" de la lengua común, en cuanto que aprovecha al máximo todas sus posibilidades expresivas: el escritor emplea unos recursos estilísticos -a través de los cuales persigue un uso original e innovador de la lengua que traduzca su peculiar manera de "ver y sentir" la realidad, manifestando, así su personalidad- con los que pretende atraer la atención sobre la forma del mensaje; y, de hecho, y desde el punto de vista del receptor de dicho mensaje, la lectura de un texto literario extrema su subjetividad emotiva y volitiva, en tanto en cuanto le permite ponerse en contacto con esa lengua.
No debe pensarse, sin embargo, que el empleo de ese cúmulo de recursos estilísticos es patrimonio exclusivo de los escritores, ya que, en alguna medida, figuran también en la lengua coloquial que todostodos empleamos. <4> Ahora bien, los recursos -estilísticos- de la lengua son explotados en la literaria más intencional y sistemáticamente que en la de la comunicación ordinaria, y con una finalidad artística expresa que no está presente en el habla coloquial. |
• Tratamiento discursivo y literario de una misma realidad en los poemas de Federico García Lorca
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| | | | FICHA DE AUTOR | | | | | | Federico García Lorca | | | | | | García Lorca nació en Fuentevaqueros (Granada), en 1898; y murió asesinado en Víznar (Granada), víctima de la violencia del 36, en agosto de ese mismo año.
Es la suya una personalidad extraordinariamente dotada para el arte: musicólogo -recopiló y armonizó canciones tradicionales-, dibujante, director teatral -fundó el grupo teatral "La barraca", para el que adaptó obras de nuestro teatro clásico-, excepcional recitador...; pero, ante todo, poeta de gran inspiración y profundo conocimiento de la técnica literaria. García Lorca es el poeta contemporáneo que ha logrado mayor universalidad; y aunque su fama se daba, a veces, a razones extraliterarias, lo cierto es que sus magníficos y bellos poemas justifican sobradamente esa popularidad.
En sus primeras obras -Libro de poemas, Canciones- se advierte ya un personalísimo empleo de la metáfora y una atracción por los motivos folclóricos y tradicionales, así como ciertos ecos vanguardistas. Obra fundamental de esta primera época -aunque publicada en 1931- es el Poema del cante jondo, cuyo núcleo central lo constituye el profundo dramatismo de la canción andaluza, sobre la que García Lorca ha proyectado su dolor de vivir.
En 1928 se publica el Romancero gitano, obra compuesta por 18 poemas, en la que se hallan fundidos los motivos populares andaluces y la técnica ultraista más refinada, el romance tradicional -si bien mezclando lo narrativo con lo lírico- y la capacidad metafórica más insólita. La visión del mundo andaluz que ofrece García Lorca en esta obra está cargada de patetismo: en el Romancero gitano "hay un solo personaje -dijo el propio autor-, que es la pena que se filtra por el tuétano de los huesos"; y basta con leer, por ejemplo, el "Romance de la pena negra o el "Romance sonámbulo" para comprobar el tono patético de una obra que, estilizando los elementos populares a través de unas imágenes de brillante colorido y musicalidad, alcanza una enorme calidad poética.
Intensa fuerza dramática tiene también el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935); larga elegía dividida en cuatro partes, en honor y recuerdo del famoso torero muerto en agosto de 1934 en la plaza de Manzanares; poema en el que de nuevo se funden los elementos populares y tradicionales con los cultos y vanguardistas. De 1935 es, asimismo, Poeta en Nueva York, libro en el que García Lorca adopta la técnica surrealista -el versículo, la imagen alucinante...- para expresar su agrio desdén por la civilización moderna de Norteamérica, deshumanizada y promotora de injusticias sociales. El diván de Tamarit y Sonetos del amor oscuro -de los que se conservan once- completan su obra lírica.
García Lorca es, además, un dramaturgo excepcional. Su primer éxito teatral lo consiguió en 1927, con Mariana Pineda; obra a la que siguieron La zapatera prodigiosa (1930), Bodas de sangre (1933), Yerma y La casa de Bernarda Alba (1936), por citar sólo sus obras de mayor interés. En todas ellas hay extraordinarios pasaje líricos y una intensa fuerza dramática que confiere a los personajes, ambientes y conflictos una innegable dimensión real.
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Tratamiento discursivo y literario de una misma realidad: pita y guitarra
Esta es la descripción poética que Federico García Lorca efectúa -en el Poema del cante jondo- de una pita. El escritor usa la lengua en su vertiente expresivo-literaria, de manera que los valores connotativos de las palabras tienen mayor relevancia que los meramente conceptuales. Pita
Pulpo petrificado.
Pones cinchas cenicientas
al vientre de los montes,
y muelas formidables
a los desfiladeros.
Pulpo petrificado petrificado. <5> Y esta otra es la descripción de carácter instructivo —y, en cierto modo, científica— de una pita, tal y como se recoge en el DRAE:
Pita. (De origen incierto.). Planta vivaz, oriunda de México, de la familia de las Amarilidáceas, con hojas o pencas radicales, carnosas, en pirámide triangular, con espinas en el margen y en la punta, color verde claro, de 15 a 20 cm de anchura en la base y de hasta 3 m de longitud; flores amarillentas, en ramilletes, sobre un bohordo central que no se desarrolla hasta pasados varios años, pero entonces se eleva en pocos días a la altura de 6 ó 7 m. Se ha naturalizado en las costas del Mediterráneo. De las hojas se saca buena hilaza, y una variedad de esta planta produce, por incisiones en su tronco, un liquido azucarado, de que se hace el pulque. <6>
Si se comparan las descripciones de García Lorca y del DRAE, se observará que el DRAE nos ha proporcionado una información objetiva de las características más relevantes de una pita, para lo cual se ha hecho un uso conceptual y no afectivo de la lengua, limitada, así, a la comunicación de conocimientos, y a la que son ajenos cuantos recursos pudieran sugerir emociones estéticas; o, lo que es lo mismo, las palabras están empleadas con cuidada propiedad léxica, de acuerdo con su significado nocional o denotativo, y atenuando al máximo sus valores expresivos. En cambio, García Lorca ha realizado una descripción en la que predomina el uso connotativo de la lengua, con el que, más que precisar y definir lo que es una pita, ésta se evoca y se sugiere, buscando provocar en el lector determinados sentimientos y sensaciones, y produciendo la impresión de belleza a través de un uso expresivo de la lengua.
De nuevo vamos a recurrir a García Lorca, ahora para establecer una comparación entre la lengua usada en los tres poemas dedicados a la guitarra -que figuran, asimismo, en el Poema del cante jondo- y la empleada por el DRAE para definir este instrumento musical.
Esta es la información sobre la voz guitarra, contenida en el DRAE; información objetiva de carácter meramente informativo, transmitida por medio de una lengua en la que predominan los valores denotativos de los vocablos, usados, por lo demás, con extremada propiedad léxica y precisión designativa:
Guitarra. (Del griego kizára, cítara, a través del árabe qitara). Instrumento músico de cuerda, que se compone de una caja de madera, a modo de óvalo estrechado por el medio, con un agujero circular en el centro de la tapa y un mástil con trastes. Seis clavijas colocadas en el extremo de este mástil sirven para templar otras tantas cuerdas aseguradas en un puente fijo en la parte inferior de la tapa, que se pulsan con los dedos de una mano mientras los pisan los de la otra donde conviene al tono. .
Tres son los poemas que tienen como protagonista a la guitarra, en el Poema del cante jondo. El primero -y, sin duda, el más complejo-, lleva por título "La guitarra", y figura al comienzo -en segundo lugar- del "Poema de la seguiriya gitana", posición ésta muy adecuada, porque lo primero que se oye en una seguiriya es el rasgueo de la guitarra; el segundo se titula "Las seis cuerdas", y es el tercero de los poemas que integran "Gráfico de la petenera"; y, el tercero, titulado "Adivinanza de la guitarra", encabeza "Seis caprichos". Reproducimos, seguidamente estos tres poemas, en los que García Lorca nos comunica la visión subjetiva y emocional que tiene de la guitarra, por medio de una lengua que potencia los valores connotativos de los vocablos. La guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arenas del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas. <7>
Las seis cuerdas
La guitarra,
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas,
se escapa por su boca redonda.
Y como la tarántula
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe demadera. <8> Andrew Debicki -que en Estudios sobre poesía española contemporánea hace un sagaz comentario sobre este poema de García Lorca- escribe: “La guitarra expresa significados afectivos que de otra manera quedarían ocultos. Contiene sueños y suspiros, visiones emotivas privadas e intangibles; por medio de su música las convierte en sollozos y en lloro, en emociones expresadas. La imagen del interior de la guitarra como un aljibe y la alusión a las “almas perdidas” subrayan lo informe de los sentimientos todavía no expresados; la personificación de la guitarra -su hueco es una boca que llora- destaca su papel consciente de dar forma y expresión a estos sentimientos. / En los versos siete y ocho, la tarántula viene a representar la mano que toca las cuerdas de la guitarra. Aunque esta comparación se basa en un parecido visual, sirve ante todo para borrar la presencia del guitarrista; al transformarse en araña, la mano pierde su valor de miembro del cuerpo humano y se convierte en complemento de la guitarra misma. Así se acentúa la impresión de la guitarra como ser vital -tal vez elemental- que “caza suspiros” y configura los sentimientos. La imagen de la estrella que teje la guitarra sugiere que ésta, en su labor expresiva, suscita algo ideal, bello, absoluto. (Las estrellas, instintivamente, evocan estas cualidades en nosotros). / No cabe duda: la estilización de la guitarra en “Las seis cuerdas” sirve para destacar el impacto de la creación artística, para ayudarnos a ver la música de la guitarra no como distracción ni como ejercicio técnico, sino como la actividad vital de expresar valores humanos importantes." <9>
Adivinanza de la guitarra
En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.
Tres de carne
y tres de plata.
Los sueños de ayer las buscan
pero las tiene abrazadas
un Polifemo de oro.
¡ Laguitarra! <10>
No era necesario llegar al verso diez para saber que García Lorca se está refiriendo a una guitarra. Sus seis cuerdas están siendo rasgadas -el baile de las seis doncellas-: tres son de tripa -"de carne"-, para los sonidos más graves; y otras tres, de acero -de plata-, para los sonidos más agudos. Y es precisamente a la altura del agujero circular que hay en el centro de la caja de resonancia donde las puntas de los dedos rozan varias cuerdas a la vez -"en la redonda encrucijada"- para producir el sonido. La alusión de García Lorca al más famoso de los Cíclopes está motivada por el hecho de que Polifemo tenía un solo ojo en la frente, al igual que la guitarra dispone de un agujero circular por donde se escapa el sonido. Una guitarra, en definitiva, con la que se expresan las más variadas emociones que anidan en el subconsciente del espíritu.
NOTAS
<1> García Lorca, por ejemplo, pone a prueba la expresividad del lenguaje con estos versos, en los que predomina la ambigüedad de sentido de las palabras, su valor connotativo: “La higuera frota su viento / con la lija de sus ramas, / y el monte, gato garduño, / eriza sus pitas agrias.” -versos 17-20 del “Romance sonámbulo”, incluido en el Romancero gitano-. Lo que García Lorca pretende transmitirnos en estos versos -que, para comprender mejor, y en su contexto, exigirían la lectura del romance completo- es la sensación de pánico que experimenta la naturaleza toda; y, para ello, recurre a un lenguaje tan irracional como poético: el viento, al sacudir las ramas de la higuera, se hace áspero y duro; en tanto que el monte, como un gato aterrorizado, eriza sus más espinosas plantas, las pitas>.
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<2> Cuando, por ejemplo, Góngora, para describir la corpulencia del gigante Polifemo -en la Fábula de Polifemo y Galatea- emplea este endecasílabo -de sorprendente ritmo acentual, gracias al hipérbaton-: “Era un monte de miembros eminente”, atribuye al signo monte una significación alejada por completo del valor significativo de dicho vocablo, ya que quiere trasladarnos la idea de enormidad.
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<3>Antonio Machado, por ejemplo, nos previene contra la fea costumbre de decir “verdades a medias” con este poemilla, en el que lo que importa no es tanto la claridad del contenido -por lo demás evidente-, cuanto la belleza de la forma: “¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad.” -“Proverbios y cantares”, XLIX; en Nuevas canciones-. Tres versos octosílabos componen el poema -una “soleá”-, el primero de los cuales rima con el tercero en asonante: verdad/mitad; y el verbo decir, en diferentes formas, encabeza los tres versos, repetición llamada anáfora.
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<4> Si para indicar, por ejemplo, que una persona es muy perspicaz, recurrimos al vocablo águila -por el parecido con la viveza y perspicacia de tal animal-, estamos empleando una metáfora. De igual manera, cuando llamamos vaso a la cantidad de líquido que cabe en él -“Se bebió un vaso de vino”-, empleamos una metonimia por medio de la cual designamos una cosa con el nombre de otra, tomando, en este caso, el continente por el contenido. Y cuando utilizamos la palabra pan para significar toda clase de alimento -“Que no nos falte el pan para comer”-, estamos recurriendo a una sinécdoque, tomando el género (alimento) por la especie (pan).
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<5>Federico García Lorca: Poema del cante jondo. Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, núm. 66; pág. 203.
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<6> Real Academia Española: Diccionario de la Lengua Española. Madrid, Espasa, 2001; vigésima segunda edición, pág. 1203.
<7>Federico García Lorca, op. cit., págs. 146-147.
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<8>Federico García Lorca, op. cit., pág. 177.
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<9>Andrew Debicki: Estudios sobre poesía española contemporánea. Madrid, Gredos, 1968, pág. 207.
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<10> Federico García Lorca, op. cit., p. 199.
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