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FERNANDO CARRATALÁ
| Lengua literaria y ambiguedad | El lenguaje literario es más ambiguo e inexacto que el lenguaje científico; y también más ambiguo, por lo general, que el lenguaje de la comunicación ordinaria. Esta ambigüedad viene determinada por una serie de factores que explicitamos a continuación. - Insólita utilización del código lingüístico, basada en relaciones de interdependencia entre los elementos de los diferentes planos lingüísticos (fonético-fonológico, morfosintáctico y léxico-semántico), sometidos a constantes recurrencias o repeticiones, que se convierten, así, en el principio estructurador y constructivo del discurso poético. En consecuencia, se produce la máxima pertinencia expresiva de todos esos niveles lingüísticos.
- Las "articulaciones" particulares de cada nivel lingüístico se ordenan en una "red o diagrama" superior, en una estructura global que convierte al mensaje en una unidad total de comunicación. Y así se origina, desde el interior del mensaje, un profundo "haz de significados", perceptibles gracias a la constante interacción contextual.
- Esa unidad indestructible de "forma-contenido" constituye el ideolecto estético o código individualizado y propio de cada mensaje.
| • Dos sonetos de Miguel Hernández, ejemplos de lenguaje literario ambiguo
• Ficha de autor: Miguel Hernández
• Dos textos "paisajísticos" de escritores de la Generación del 98: Unamuno y Azorín
• Texto de Miguel de Unamuno
• Ficha de autor: Miguel de Unamuno
• Texto de Azorín
• Ficha de autor: Azorín
• Actividades
Dos sonetos de Miguel Hernández, ejemplos de lenguaje literario ambiguo
Los dos sonetos de Miguel Hernández que pasamos a comentar -incluidos en El rayo que no cesa- son una clara muestra de la ambigüedad del lenguaje literario. En el primero de ellos -“Tengo estos huesos hechos a las penas...”- destaca la extrañeza que produce el empleo de construcciones sintácticas que no resultan habituales en la comunicación ordinaria: hipérbatos, paralelismos...; y en el otro de los sonetos -“Umbrío por la pena, casi bruno,...”- pueden advertirse cómo las recurrencias pueden afectar a cualquier tipo de elementos de la lengua del texto, ya sean fonético-fonológicos, morfosintácticos o léxico-semánticos.
El texto poético
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo. <1>La interpretación del texto
En este soneto, Miguel Hernández expresa el sentimiento de frustración amorosa que le aflige, comparando su desasosiego con el continuo vaivén de las olas del mar, y adoptando ante aquel una actitud de estoica resignación.
La serenidad con que el poeta afronta la desolación anímica que le domina -las imágenes de los versos 7, 8 simbolizan la negrura de un espíritu devastado por el sufrimiento: “por una noche oscura de sartenes / redondas, pobres, tristes y morenas”- queda estilísticamente expresada por varios recursos morfosintácticos, en especial por el paralelismo (reiteración de secuencias cuyos elementos presentan idéntica estructura sintáctica, con contenidos psíquicos equivalentes) y la bimembración:
· Versos 1, 2:
Tengo estos huesos (A1) hechos a las penas (B1)
y a las cavilaciones (B2) estas sienes (A2).
(Dos unidades paralelísticas formadas por dos elementos semejantes
dispuestos en orden inverso: huesos-sienes/penas-cavilaciones).
· Versos 10, 11:
si no es tu amor (A1), la tabla (B1) que procuro (C1),
si no es tu voz (A2), el norte (B2) que pretendo (C2).
(Dos secuencias paralelísticas compuestas cada una de tres elementos sometidos a la misma ordenación: amor-voz/tabla-norte/procuro-pretendo.
Ambos endecasílabos presentan, además, la misma estructura
rítmica, con acentos en las sílabas cuarta, sexta y décima).
· Verso 3:
pena que vas, cavilación que vienes.
(El verso está dividido en dos miembros equivalentes -bimembración-,
separados por una coma:

La simetría es perfecta, tanto en el plano sintáctico como en el Semántico).
Por lo demás, el soneto es un buen ejemplo del llamado estilo nominal, con predominio de nombres y adjetivos -diez situados a final de verso-, sobre los que recaen 39 de los 43 acentos que contiene el poema. El poeta resiste serenamente al zarandeo al que se halla sometido: “Como el mar de la playa a las arenas, / voy en este naufragio de vaivenes, / por una noche oscura de sartenes / redondas, pobres, tristes y morenas” (versos 5-8). El gerundio con que se cierra el poema, y que incluye una diéresis -señalada convenientemente en el texto- que hace más intensa y duradera su carga conceptual (“voy entre pena y pena sonriendo”) resume esa sonrisa resignada del poeta ante su propio sufrimiento.
El texto poético
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡Cuánto penar para morirse uno! <2>(La versión de este soneto en El silbo vulnerado tiene el siguiente verso, primero del segundo cuarteto: “Pena con pena y pena desayuno,”).
La interpretación del texto
Este otro soneto de Miguel Hernández recoge la pena torturadora que sacude al poeta. En dicho soneto -ejemplo de lenguaje poético “recurrente”- se pueden descubrir diferentes repeticiones que afectan a todos los planos lingüísticos, y que pasamos a analizar.
Recurrencias en el plano fonético-fonológico
Hernández utiliza versos endecasílabos, con la siguiente rima consonante:
A bruno B estalla B halla A ninguno
A uno B batalla B calla A importuno
C corona D leopardos A alguno
C persona D cardos A uno
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El poema es un soneto, perfectamente construido, que presenta una curiosa variante respecto del modelo clásico: la rima -uno de los versos con que se cierran las cuatro estrofas, dos cuartetos y dos tercetos. En cuanto al ritmo acentual, todos los endecasílabos se acentúan en sexta sílaba, excepto el último -el de mayor intensidad dramática-, de tipo sáfico, que presenta acentos rítmicos en las sílabas cuarta y octava: “¡Cuánto penar para morirse uno!”
Muy significativas resultan determinadas repeticiones de consonantes, aliteraciones de las que se vale el poeta para sugerir, con machacona insistencia, la pesadumbre que le domina; así: - La aliteración de la consonante ll en los versos 2-3: “porque la pena tizna cuando estalla, / donde yo no me hallo no se halla”.
- La aliteración de las consonantes p y n en los versos 5: “Pena con pena y pena desayuno.”; 6: “Pena es mi paz y pena mi batalla,”; y 12: “No podrá con la pena mi persona”.
Recurrencias en el plano morfosintáctico
En el primer terceto se repite un mismo tipo de construcción sintáctica. La pena -elusivamente metaforizada en lecho (verso 5), y compañera tan fiel e inseparable como un perro (versos 7-8)- pincha al poeta como un cardo (verso 9), y le devora ferozmente como si fuera un leopardo (verso 10). La agresividad del cardo -cuyas espinas producen dolor- y del leopardo -felino carnicero muy feroz- explican metáforas tan audaces y hacen más patético el verso 11: la pena está devorando al poeta hasta el extremo de consumirle los huesos; hasta anular el sentido de la vida (verso 14).
Recurrencias en el plano léxico-semántico
El vocablo pena, que estructura lingüísticamente el poema, está presente en diez de los catorce versos (si contamos, también, sus derivados apenado -verso 4- y penar -verso 14-). El poeta insiste una y otra vez en la pena que le aflige, ante un sentimiento amoroso no correspondido -no expresamente mencionado en el poema, y denominador común de casi todos los sonetos de El rayo que no cesa-. La desolación anímica está, además, subrayada por los epítetos umbrío y bruno -verso 1- y por la forma verbal tizna -verso 2-; vocablos que simbolizan la negrura de un espíritu devastado por el sufrimiento.
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| | | | FICHA DE AUTOR | | | | | | Miguel Hernández | | | | | | (Orihuela (Alicante), 1910 - Alicante, 1942)
De humilde origen campesino, recibió una escasa instrucción en el colegio jesuita de Santo Domingo, que abandona muy pronto para dedicarse a cuidar el rebaño de cabras de su padre. Sus muchas lecturas -especialmente de la lírica renacentista y barroca, cuya influencia se advierte en su producción poética- ampliaron su formación.
La vocación poética de Hernández es muy temprana: sus primeros versos se publican en 1930 y 1931 en distintos diarios; su primer libro de versos -Perito en lunas- se edita en 1933; y, también se publican sus poemas en la revista vanguardista "El gallo crisis", fundada en su ciudad natal y dirigida por su "compañero del alma" José Marín -que utilizó como seudónimo el anagrama de su nombre, Ramón Sijé-.
En 1934 se traslada a Madrid, donde será entusiásticamente acogido por los mejores poetas de la época. Ese mismo año formaliza su noviazgo con Josefina Manresa, con la que se casará en 1937. Su amistad con el poeta chileno Pablo Neruda es decisiva en su evolución ideológica, que determinó su participación en la guerra del lado republicano. En 1939, cuando intentaba pasar de Huelva a Portugal, es detenido y encarcelado, primero en Sevilla y luego en Madrid. Condenado en consejo de guerra (1940) a la pena de muerte, se le conmuta por la de treinta años. Tras pasar por las cárceles de Palencia y Ocaña, es trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante (1941), en cuya enfermería morirá, como consecuencia del agravamiento de una tuberculosis pulmonar aguda, en marzo de 1942.
En 1933 se publica en Murcia Perito en lunas: el barroquismo aprendido en Góngora canaliza en 42 octavas reales que describen, en complejísimas metáforas, objetos de la vida cotidiana. Y en 1936 aparece la obra maestra de Hernández, El rayo que no cesa, conjunto de poemas, en su mayor parte sonetos -un total de 27, de rigurosa factura clásica-, cuyo tema central es la frustración amorosa del poeta. El extraordinario equilibrio entre desbordamiento emocional y densidad conceptual confiere a los poemas de este libro una fuerza expresiva raras veces alcanzada en la lírica castellana. La obra incluye la emocionada "Elegía" -en tercetos encadenados- a la muerte de Ramón Sijé, su gran amigo de infancia y juventud, que tanto influyó en su formación intelectual y literaria.
La poesía intimista de El rayo que no cesa da paso a una poesía de tono social en las obras Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (escrita entre 1937 y 1939) y Cancionero y romancero de ausencias (escrita en la cárcel, entre 1939 y 1941). Y si en Viento del pueblo y en El hombre acecha los motivos bélicos y patrióticos se expresan en un lenguaje tan directo como vigoroso, los versos de Cancionero y romancero de ausencias reflejan la amargura de la última etapa de su vida: su situación de prisionero, la angustia por la suerte de su mujer e hijo (su primer hijo, nacido en diciembre de 1937, murió a los diez meses, víctima de una infección intestinal), las consecuencias de la Guerra Civil, en definitiva, originan sencillos poemas inspirados en las más sobrias formas de la lírica popular y desnudos, por tanto, de todo artificio retórico. Algunos de estos poemas, de desolada emoción -como, por ejemplo, las famosas "Nanas de la cebolla", compuestas en septiembre de 1939- siguen conmoviendo a los más variados lectores, impresionados por su tono humanísimo; poemas de una simplicidad e intimismo lírico sobrecogedor, muy distantes del barroquismo de los poemas adolescentes.
En un sentido estricto, Hernández pertenece a la Generación del 36 -junto con Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo...-; sin embargo, su trayectoria poética y sus relaciones con los mejores representantes de la Generación del 27 -especialmente con Vicente Aleixandre- permiten incluirlo en esta última, como "genial epígono". De lo que no hay duda es de que su obra actúa como eslabón entre la Generación del 27 y los poetas de posguerra, sobre los que ejercerá una decisiva influencia.
Y es que en la obra de Miguel Hernández se aglutinan las tres actitudes de la poesía contemporánea española: la poesía de corte neogongorino y ultraísta -en la línea de las primeras obras de los poetas del 27-, representada por Perito en lunas; la poesía subjetiva de tipo amoroso de El rayo que no cesa; y la poesía de carácter social -que dará sus frutos en la década de los 50- en la que se inscriben los libros Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias. Pero ya sea el joven poeta gongorino, ya sea el poeta maduro que siente el amor como un destino trágico, ya sea el poeta social ideológicamente comprometido con el pueblo que sufre la falta de libertad, en la poesía del siglo XX la voz de Miguel Hernández representa el arrebato pasional marcado con el sello imborrable de la sinceridad, que halla adecuada expresión en un lenguaje muy plástico y sensorial, rico en audaces y originales metáforas. | | | ©Profes.net | |
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Dos textos "paisajísticos" de escritores de la Generación del 98: Unamuno y Azorín
Estos dos otros textos, escritos en prosa, son, también, buen ejemplo de ambigüedad en el tratamiento literario del lenguaje. Unamuno describe, desde una óptica subjetiva, el paisaje de Castilla, cuya austeridad y dureza influyen decisivamente en el espíritu castellano; y Azorín nos ofrece su peculiar interpretación de un atardecer en el pueblo alicantino de Sax, por medio de sensaciones visuales -especialmente cromáticas-, auditivas y olfativas.
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Texto de Miguel de Unamuno
Recórrense a las veces leguas y más leguas desiertas, sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo o amarillea el rastrojo, alguna procesión monótona y grave de pardas encinas, de verde severo y perenne, que pasan lentamente espaciadas, o de tristes pinos que levantan sus cabezas uniformes. De cuando en cuando, a la orilla de algún pobre regato medio seco o de un río claro, unos pocos álamos, que en la soledad infinita adquieren vida intensa y profunda. De ordinario anuncian estos álamos al hombre: hay por allí algún pueblo, tendido en la llanura al sol, tostado por este y curtido por el hielo, de adobes muy a menudo, dibujando en el azul del cielo la silueta de su campanario. En el fondo se ve muchas veces el espinazo de la sierra y, al acercarse a ella, no montañas redondas en forma de borona, verdes y frescas, cuajadas de arbolado, donde salpiquen al vencido helecho la flor amarilla de la árgoma y la roja del brazo. Son estribaciones huesosas y descarnadas peñas erizadas de riscos, colinas recortadas que ponen al desnudo las capas del terreno resquebrajado de sed, cubiertas cuando más de pobres hierbas, donde solo levantan cabeza el cardo rudo y la retama desnuda y olorosa... <3>
Apoyo léxico- Rastrojo. El campo después de segada la mies y antes de recibir nueva labor.
- Regato. Arroyo pequeño.
- Adobe. Masa de barro mezclado a veces con paja, moldeada en forma de ladrillo y secada al aire, que se emplea en la construcción de paredes o muros.
- Borona. Pan de maíz.
- Árgoma. Llamada también aulaga: "Nombre que se da a varias matas de la familia de las Papilionáceas, como de un metro de altura, espinosas, con hojas lisas terminadas en púas y flores amarillas. Las puntas tiernas gustan al ganado. El resto de la planta se machaca, aplastando las espinas, para darlo en pienso." (DRAE)
- Brezo. "Arbusto de la familia de las Ericáceas, de uno a dos metros de altura, muy ramoso, con hojas verticales, lineales y lampiñas, flores pequeñas en grupos axilares, de color blanco verdoso o rojizas, madera dura y raíces gruesas, que sirven para hacer carbón de fragua y pipas de fumador." (DRAE).
Guía para el comentario- Dentro de la unidad estructural del texto, ¿qué partes pueden distinguirse?
- Comentar la eficacia de la adjetivación elegida por Unamuno para insistir en la aspereza del paisaje que describe.
- Explicar el vigor descriptivo de la metáfora "el espinazo de la sierra" con que Unamuno recalca la dureza de las montañas, "estribaciones huesosas y descarnadas peñas erizadas".
- ¿De qué forma establece Unamuno un fuerte contraste entre las montañas del Norte y las sierras castellanas? Y ¿con qué finalidad?
- Los extraordinarios efectos sonoros logrados en las últimas líneas del texto contribuyen a resaltar la dureza del paisaje castellano. Analizar la sucesión de sonidos que evocan esas sonoridad áspera, en consonancia con la dureza del contenido conceptual expresado.
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| | | | FICHA DE AUTOR | | | | | | Miguel de Unamuno | | | | | | (Bilbao, 1864-1936)
Catedrático de Griego de la Universidad de Salamanca, de la que fue nombrado Rector en 190, y destituido más tarde por motivos políticos. Durante la Dictadura del General Primo de Rivera fue desterrado a la isla de Fuerteventura -1924-, de donde huyó para refugiarse en Francia. Vuelto a España en 1930, ocupó de nuevo el Rectorado de la Universidad de Salamanca. Murió el último día de 1936.
Unamuno fue hombre de temperamento batallador, en continua lucha consigo mismo, debatiéndose entre ideas contradictorias, sin hallar paz; y en lucha también con los demás, en un afán por sacudir las conciencias de las muchedumbres tranquilas para que viviesen en angustiosa inquietud ante los problemas fundamentales: "Hay que provocar descontento, hay que agitar los espíritus, hay que suscitar cuestiones, preguntas, dudas. Tiene que despertar de su modorra espiritual el pueblo español" -dice Unamuno.
La producción de Unamuno es extensa, y abarca todos los géneros -ensayo, periodismo, crítica, novela, teatro, poesía...-. Sin embargo, toda ella gira en torno a dos ejes temáticos: el sentido de la vida humana y su destino -esto es, el problema de su inmortalidad-, y la preocupación por España. Unamuno se debatió en una permanente contradicción entre el sentimiento, que necesita de la idea de Dios, y la razón, que conduce al escepticismo; y en esa permanente pugna entre el ansia vital de inmortalidad que la fe sostiene y el escepticismo racional radica la auténtica vida religiosa. Sus dos grandes libros sobre estos temas llevan por título Del sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del Cristianismo (1925) -título en el que la palabra agonía está tomada en su sentido etimológico de lucha-. Otro tema de capital importancia en muchos de los ensayos de Unamuno es el de España.
Hasta 1900, aproximadamente, se mostró partidario de una regeneración del país basada en la apertura a Europa -los ensayos agrupados bajo el título En torno al casticismo (1895) proclaman su inicial entusiasmo por la cultura europea-; pero después de una fuerte crisis espiritual, propugna la españolización de Europa, transmitiéndole nuestro sentido religioso de la vida- La Vida de don Quijote y Sancho (1905) es, precisamente, una personalísima interpretación de la obra cervantina, en la que don Quijote aparece como símbolo del espíritu español y permanente modelo de idealismo, frente al racionalismo europeo.
Entre sus novelas -que Unamuno llama nivolas, opuestas a la estética realista- destacan Niebla (1914), La tía Tula (1921) y San Manuel Bueno, mártir (1933). En cuanto a las obras dramáticas, de interés humano pero de recursos escénicos muy rudimentarios, destacan Fedra, Sombras de sueño y El otro. La cumbre de su obra lírica está representada por el extenso poema "El Cristo de Velázquez" (1920). | | | ©Profes.net | |
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Texto de Azorín
Cae la tarde; la sombra enorme de las Lometas se ensancha, cubre el collado, acaba en recia punta sobre los lejanos almendros; se entenebrecen los pinos; resaltan las bermejas hazas labradas; el débil sol rasero ilumina el borde de los ribazos y guarnece con una cinta de verde claro el verde oscuro de los viñedos bañados en la sombra.
Cambias la coloración de las montañas. El pico de Cabrera se tinta en rosa; la cordillera del fondo toma una suave entonación violeta; el castillo de Sax refulge áureo; blanquea la laguna; las viñas, en el claror difuso, se tiñen de un morado tenue.
Lentamente, la sombra gana el valle. Una a una, las blancas casitas lejanas se van apagando. La tierra se recoge en un profundo silencio; murmuran los pinos; flota en el aire grato olor de resina. El cascabeleo de un verderol suena precipitado; calla, suena de nuevo. Y en la lejanía, el dorado castillo refulge con un postrer destello y desaparece. <4>
Apoyo léxico- Bermejo. Rojizo.
- Haza. Porción de tierra labrantía o de sembradura.
- Ribazo. Caballón, lomo entre surco y surco de la tierra arada.
- Verderol. Verderón, ave canora del orden de las Paseriformes, del tamaño y forma del gorrión, con plumaje verde y manchas amarillentas en las remeras principales y en la base de la cola.
Guía para el comentario- Analizar los recursos sensoriales que emplea Azorín para describir el atardecer en el pueblecito alicantino de Sax.
- ¿Cómo logra Azorín imprimir un ritmo lento a la descripción de dicho atardecer?
- ¿Por qué elige Azorín el presente de indicativo como forma verbal para transmitir al lector sus vivencias?
- Comentar la sencillez de las estructuras sintácticas empleadas por Azorín, tan características de ese estilo desprovisto de retórica que define su prosa.
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| | | | FICHA DE AUTOR | | | | | | José Martínez Ruiz, Azorín | | | | | | Monóvar (Alicante), l873 - Madrid, 1967
A partir de 1904, José Martínez Ruiz adoptó el pseudónimo literario de Azorín.
Violento revolucionario en su juventud -su protesta contra la tradición y el presente de España es típica del espíritu de la Generación del 98-, y fue evolucionando más tarde hacia un progresivo conservadurismo y una nueva valoración, profundamente lírica, de nuestro pasado histórico, nuestras letras y nuestro paisaje.
La gran innovación literaria de Azorín reside en su estilo, caracterizado por la sencillez, precisión y sobriedad. Frases muy breves, con predominio de oraciones simples que se suceden con fluidez y soltura; lenguaje llano, que rehuye la retórica y la afectación para ir directamente a la expresión del pensamiento de la manera más natural; y léxico increíblemente rico, extraído tanto de la lengua de los campesinos y artesanos de los distintos rincones de Castilla que recorre como de las obras de los escritores clásicos y modernos, que nos acerca a través de personalísimas interpretaciones que manifiestan su exquisita sensibilidad.
Destacan en la obra de Azorín sus evocaciones de las tierras y de las gentes de España. Pocos como él han sabido captar las escondidas bellezas que encierra la meseta castellana ni describir con tan profunda emoción sus antiguas ciudades provincianas y aldeas perdidas. El paisaje español es el tema principal de obras como Los pueblos (1905), La ruta de don Quijote (1905), Castilla (1912); obras cuya prosa delata el temperamento profundamente lírico de Azorín.
Azorín cultivó también un tipo de novela en el que el argumento es un mero pretexto para describir minuciosamente paisajes, tipos y ambientes. Destacan, por su carácter autobiográfico, las tituladas La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Su ausencia de sentido teatral se hace patente en Lo invisible (1928), tres piezas en un acto sobre el tema de la muerte. Y como intérprete -más que como crítico- de nuestros grandes autores literarios, Azorín nos ha legado obras de tanto interés como las tituladas Al margen de los clásicos (1915), Lecturas españolas (1912), Clásicos y modernos (1912), Rivas y Larra (1916), etc.
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ACTIVIDADES - Utilizando, preferentemente, el soneto como forma métrica -y tomando como referencia los textos poéticos de Miguel Hernández anteriormente reproducidos- expresar con toda libertad el sentimiento amoroso; pero, a diferencia de Miguel Hernández, el amor se concebirá desde la óptica ilusionada que hace posible su plena realización; y no como una trágica pasión irrealizable.
- Describir por escrito un pueblo, visto desde lejos, y tomando como referencia y punto de partida la breve descripción que efectúa Unamuno en el texto anteriormente reproducido: "De ordinario anuncian estos álamos al hombre: hay por allí algún pueblo tendido en la llanura al sol, tostado por este y curtido por el hielo, de adobes muy a menudo, dibujando en el azul del cielo la silueta de un campanario."
- Describir por escrito la caída de la tarde en un paisaje campesino, tomando como referencia y punto de partida el texto de Azorín anteriormente reproducido, y procurando imitar el estilo de su prosa: sintaxis sencilla, a base de oraciones simples; preferencia por las enumeraciones, con predominio de la relación asindética; vocabulario amplio y variado, preciso y apropiado; atención prioritaria a los pequeños detalles y a las realidades que suelen pasar desapercibidas, que describe con tierno lirismo; etc.
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NOTAS
<1><2> Los textos de Miguel Hernández seleccionados se han tomado de la edición crítica de su Obra Completa, publicada por Espasa Calpe (colección Clásicos Castellanos, nueva serie, números 27, 28 y 29. Madrid, 1992), con motivo del cincuentenario de su muerte; edición crítica en la que está “íntegro y esclarecido el universo literario de Miguel Hernández”.
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<3> Miguel de Unamuno: En torno al casticismo. Editorial Espasa-Calpe. Colección Austral, núm. 403.
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<4> José Martínez Ruiz, Azorín: Antonio Azorín, primera parte, I. Editorial Castalia, colección Clásicos Castalia, núm. 194.
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